lunes, 15 de diciembre de 2025

REFUGIADOS REPUBLICANOS ESPAÑOLES EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE LE BOULOU (FRANCIA).


REFUGIADOS REPUBLICANOS ESPAÑOLES EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE LE BOULOU (FRANCIA)REFUGIADOS REPUBLICANOS ESPAÑOLES EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE LE BOULOU (FRANCIA)
Refugiados republicanos hacen una interminable cola para conseguir un poco de sopa, que tienen que comer de pie a la intemperie.Campos como Le Boulou, Prats-de-Mollo, La Tour-de-Carol, Bourg-Madame o Arles-sur-Tech, fueron utilizados para "recolectar" y clasificar a los refugiados.El gobierno francés del Frente Popular, presidido por Léon Blum, prescindió de simpatías ideológicas y aplicó durante la Guerra Civil española una dura Política de No Intervención para no contrariar al gobierno conservador inglés, con quien necesitaba mantener la postura común ante el ascenso de Alemania ya dirigida por Hitler. 

Léon Blum cedió la presidencia del gobierno en abril de 1938 al radical Édouard Daladier, quien se coaligó esta vez con la derecha y puso fin al gobierno de Frente Popular.La cifra de soldados republicanos encaminados en aquellos quince días de crudo invierno comprendidos entre el 27 de enero y el 10 de febrero de 1939 hacia la divisoria francesa fue el previsible (sobre 250.000) en función de los contingentes bien conocidos del Ejército del Este y el Ejército del Ebro. 

En cambio, no fue así con respecto a los civiles. La magnitud de la marea humana se desbordó en la frontera por la proporción de civiles fugitivos (un número similar a la de soldados) de las represalias contra el tejido social “rojo” aplicada desde el primer día en las zonas ocupadas por el ejército franquista contra los sospechosos de simpatías republicanas o izquierdistas. 

En Cataluña se acumulaban desde mediados de 1938 un total de 700.000 civiles evacuados de otras zonas republicanas. A comienzos de 1939 la cifra había aumentado hasta el millón.El día 26 de enero el gobierno de París decidió cerrar la frontera con España, excepto para las contadas personas provistas de pasaporte en regla y visado consular francés. Se resistía a admitir la inexorable evidencia del alud humano que se acercaba. Presionado por sus dimensiones, la noche del 27 al 28 de enero la abrió exclusivamente a mujeres, niños y ancianos, por miedo a que la desesperación cundiera entre la gran cantidad de fugitivos y se convirtiera en avalancha sin control. Más de un centenar de periodistas y reporteros gráficos de varias nacionalidades se apostaban en los pasos fronterizos franco-catalanes para narrar el éxodo repúblicano.El gobierno francés esperó ocho inacabables días, hasta el domingo 5 de febrero, para abrir a los contingentes militares el puesto de Cerbère y el lunes 6 de febrero El Perthús. Cuatro días más tarde, el jueves 9 de febrero las tropas franquistas alcanzaban El Perthús, donde hasta pocos minutos antes se mantuvo el flujo apresurado de fugitivos.La dirigente anarquista Federica Montseny (primera mujer ministro en la historia de España, una década antes de que las hubiese en Francia), cruzó a pie por El Perthús la noche del 27 al 28 de enero, pese a disponer de pasaporte diplomático, y dejó un testimonio escalofriante en el libro Pasión y muerte de los españoles en Francia sobre “la suma de hostilidad e indiferencia aportadas por quienes representaban a la nación francesa en aquellos momentos, agravando la situación de los vencidos y haciendo de nosotros un rebaño de parias, una inmensa legión de esclavos sin ninguno de los derechos reconocidos por el Estatuto Internacional del Derecho de Asilo a los refugiados políticos y por todas las leyes que regulan universalmente la suerte de los prisioneros de guerra”.Incluso después de la llegada de la marea humana, la lentitud en habilitar cualquier tipo de instalación en las playas donde fue recluida era evitable y tuvo como objetivo fomentar el retorno de los refugiados, las repatriaciones voluntarias a España. 

El ministerio francés de Defensa se negó a abrir ninguno de sus campos militares vacíos del sur del país, como los de La Valbonne (departamento del Gard), Caylus (Tarn y Garona), Larzac (Dordoña) o La Courtine (Creuse), habilitados para alojar tropas, con el argumento de que podían ser necesarios en caso de súbita movilización de reservistas franceses ante la escalada militar alemana. El ejército más numeroso del continente europeo, beneficiado los años anteriores con presupuestos extraordinarios frente el agresivo rearme germano-italiano, no puso a disposición de los refugiados españoles durante el primer mes del operativo ninguno de sus medios más indispensables como tiendas de lona, literas, estufas, cocinas o letrinas de campaña. “Ni una sola manta de sus reservas”, escribía el Periódico Le Midi Socialiste el 15 de febrero.El único objetivo del recibimiento francés fue encerrarlos, y nada había sido preparado ni tan siquiera para eso. Las “instalaciones” tuvieron que ser construidas en las playas a marchas forzadas por los propios internos, con los suministros proporcionados lentamente por las autoridades francesas las semanas siguientes.

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