Nerón (54 d. C. – 68 d. C.): Era el emperador de Roma cuando Pablo fue llevado prisionero a la capital del imperio y donde, según la tradición, sufrió el martirio y fue decapitado.
Pablo de Tarso es fundamental para el cristianismo porque transformó el movimiento de una pequeña secta judía en una religión universal abierta a todo el mundo. Llevó el mensaje de Jesús más allá de Israel.
Viajó por gran parte del Imperio romano y fundó comunidades cristianas en ciudades clave como Éfeso, Corinto y Roma.
Defendió que la salvación es por la fe en Cristo y no por cumplir las normas de la ley judía (como la circuncisión), lo que permitió que personas de cualquier cultura se unieran.
Escribió varias de las Epístolas Paulinas que forman parte del Nuevo Testamento.
Sus cartas son los textos escritos más antiguos del cristianismo. Explicaron y estructuraron la teología cristiana sobre la gracia, la fe, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Cambio de identidad y legado. Pasó de ser un feroz perseguidor de los primeros cristianos de fe judaica a ser el el defensor principal del cristianisno, -el gran converso-, tras su experiencia en el camino a Damasco, donde un rayo le tumba del caballo y Dios le dice: "Palo por qué me persigues?".
Su pensamiento definió las bases doctrinales que separaron al naciente cristianismo del judaísmo tradicional.
El contenido de sus cartas principales fueron esenciales para la expansión del cristianismo en el mundo romano. Pablo de Tarso, de nombre semítico Saulo de Tarso o Saulo Pablo, y más conocido por la iglesia católica como san Pablo (Tarso, Cilicia 5-10 d. C.-Roma, 58-67) y por los hermanos evangélicos como Saulo de Tarso a través de la lectura de la Biblia modificada e interpretada por Martín Lutero, fue llamado el Apóstol. Era de origen judío, pero tenía la ciudadanía romana. Persiguió a los cristianos, mató cristianos, se arrepintió y hoy es uno de los profetas del cristianismo.
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