martes, 25 de junio de 2019

· EL TERAPEUTA CUBANO ·



He aquí, estimados lectores, sin mayor preámbulo, un testimonio sobre el rol que desempeñan los terapeutas cubanos en la salud del pueblo venezolano. Son la 7 de la mañana del 25-06-2019, me dirijo hacia el Centro de Rehabilitación (CRI) de Campo Alegre, ayudado con una muleta -aunque ya puedo caminar sin ella, pero distancias cortas. Esta obra fue realizada por el Capitán José Pérez Fernández, alcalde de Barcelona y del municipio Simón Bolívar, culminada en septiembre del 2005. Aquí recibo terapias de calor, hidroterapia, magneto, electricidad y masajes en las manos y la pierna derecha, luego de ser intervenido quirúrgicamente por el doctor Carlos Vázquez en el Centro de Diagnóstico Integral de Campo Claro (CDI Camilo Cienfuegos), a causa de un accidente de tránsito.
En el CRI de Campo Alegre son diversos los síndromes atendidos: niños y adultos que necesitan terapia del lenguaje, prevención del pie diabético, uñas encarnadas, callos plantares, masajes podálicos, curas de diferentes patologías, casos de ACV, escoliosis, lumbago, cervicales, bursitis, ciática, problemas de dolores en articulaciones, artrosis, y a toda persona que necesite masajes en miembros superiores e inferiores.  
En esta oportunidad, voy a escribir sobre el terapeuta cubano Evelio Estrada, quien está encargado del gimnasio del CRI de Campo Alegre, cubriendo las vacaciones de Yenni, quien cumple con su trabajo con la misma entereza, eficiencia y dedicación que Evelio. Su rutina es desde las 7 am a las 2:00 pm, consiste en explicarles a los pacientes el uso indicado de los aparatos que en él se encuentran, enseñarles los ejercicios que necesitan y aplicarles los masajes de terapia para las distintas afecciones que allí se tratan.
Además, cuenta la institución con la consulta de una médica fisiatra, la Dra. Yaimari Ávila, -excelente profesional-, quien examina previamente a los pacientes y les prescribe las terapias que necesitan, de acuerdo a lo especificado por los médicos especialistas, según los problemas de cada uno de ellos. Hay también, en este centro asistencial una foniatra, Leidy Bravo, muy eficiente y dedicada, que atiende a los niños con dificultades del lenguaje, con el mismo esmero que trata a los adultos mayores. La misma dedicación la demuestra la podóloga Tania Aponte, quien para mi sorpresa estuvo 3 años asignada en el CDI- CRI Secundino Urbina, en Santa Ana de Coro, Falcón, y en más de una ocasión se bañó en las playas de Villa Marina, en Los Taques.  
Por la mística de trabajo de los hermanos cubanos, estoy seguro que esto sucede a lo largo y ancho de toda Venezuela, y debe servir de modelo a seguir por todos. En los CDI y CRI al pueblo se le atiende sin que se pague nada. En la Patria del Libertador Simón Bolívar, de Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, la salud y la educación son gratis. Hay un Sistema de Salud Público con excelentes profesionales, y además, la Constitución Nacional les garantiza a los honorables doctores que así lo deseen, el ejercicio de la medicina privada en las clínicas. Pero el bloqueo económico de Mister Trump lo ha puesto a funcionar con dificultades.
Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Dra. Michelle Bachelet, solicite y luche porque cese el cerco económico contra el pueblo venezolano, ya que este constituye un crimen de lesa humanidad. Créame, este es el clamor de todos los ciudadanos de Venezuela. A través de los Programas Sociales nos llegan los beneficios del petróleo y otros minerales como el oro; además hay abundante agua potable, tierras aptas para el cultivo, la ganadería, la agricultura; tenemos también mar territorial, lagos, ríos, lagunas para la pesca y embalses para criaderos de peces. Pero con el bloqueo económico el desarrollo autosustentable se dificulta.
Siempre hemos sido un pueblo trabajador y estudioso, en los campos y ciudades nos levantamos muy temprano a cumplir con nuestros deberes. Visite usted los estados montañosos, llaneros, agrícolas y costeros y evidenciará lo que le digo. Amén que nuestras poderosas industrias, petrolera, del hierro y del oro, que a pesar del criminal bloqueo no se hunden y dan un gran combate por el bienestar de nuestro pueblo.  
Es clave en el funcionamiento del CRI de Campo Alegre “Luis Bonilla” la secretaria Darlin Chacin, quien organiza y distribuye las historias -los cubanos acostumbran a llamarse entre ellos por sus nombres de pila, rara vez lo hacen por los apellidos, lo mismo sucede con los pacientes. Destacan también las terapeutas Anairis Mendoza y Aleniuska Acuña, en la aplicación a los pacientes de las terapias de magneto, calor, electricidad e hidroterapia. Con un el trato amable, cordial y humano, siempre con una sonrisa en la boca estas especialistas, en algunos casos calman los dolores y en otros los desaparecen. Resalta también la limpieza de las instalaciones, gracias a las obreras.
A continuación, entrevisto al terapeuta Evelio Estrada. Incansable dispensador de salud para el pueblo venezolano, nació en Granma, Cuba, es hijo de Alba Luisa Vegas y Evelio Estrada, nieto de Elba Estrada y de Leónides Vegas. Tiene 2 hermanos y una hermana (Elio Danis, Edisniel y Edisleidis). Una hija, Melanis Estrada Valera - su papá, a través de esta crónica le envía un beso del tamaño del universo-. Estrada sacó la primaria en la Escuela Fernando Echenique, el bachillerato en el Instituto José Martí y se hizo Terapeuta en Rehabilitación Física del Ministerio de Salud de Cuba.
En realidad, él no quería que le escribiese la crónica, me argumentaba que destacase el trabajo solidario y colectivo de todo el equipo cubano de salud, que interactúa en la institución. “Hermano Evelio, mi norte al hacerle esta crónica es divulgar el extraordinario trabajo que ustedes realizan en Venezuela por la salud y bienestar del pueblo venezolano, y le solicito sus datos para que todo el que la lee, sepa que ustedes son seres de carne y hueso; por otra parte, ya escribí un relato sobre la Misión Cubana”.
El terapeuta Evelio trata con mucha sicología a los niños, en especial a los que tienen problemas para caminar. Hasta les canta, y bromea con las personas de la tercera edad cuando les realiza los masajes, sobre todo los que sufren de fuertes dolores. “Jesús, no es fácil la vida aquí, los precios en los comercios todos los días, los comerciantes los cambian, vivo lejos del CRI y tengo que caminar, y estamos en invierno; pero nuestra mística de trabajo, el ejemplo que nos dio Fidel, el sentirme orgulloso de ser cubano me impulsa a vencer cualquier adversidad que se me presente. Además, la satisfacción personal que siento al ayudar a mis hermanas y hermanos venezolanos, al aplicarles sus terapias, es el profundo motivo que me mueve a laborar; de alguna manera yo les mejoro su calidad de vida que el bloqueo económico les ha deteriorado; pienso que el Señor Jesucristo me puso a hacer el bien, y aquí estoy ayudando en todo lo que puedo”.
  “Además Jesús, la Revolución Cubana nos ha enseñado a los cubanos que lo primero es el bienestar de la gente, del pueblo. Y así como yo pienso, piensan mis compañeros. No sabe usted cuánto extraño a mi familia, sobre todo a mi hija; por otra parte, al ser útil a los hermanos venezolanos, siento que la patria es toda la América Latina. Ustedes los venezolanos son la única familia que nosotros tenemos en estas tierras. Cuando yo le escucho decir a un hermano venezolano: ‘Evelio anoche pude dormir, el dolor de espalda, de las manos, del cuello, se me alivió con el masaje’; créame, vivo las palabras de Martí, Fidel, El Che y Camilo. Comprendo lo que significa: ‘La Patria es América’. Siento que ayudo a mi familia”.
“Como es extremadamente importante reconocer el trabajo en equipo, ¿podría usted decirme el nombre de algunos de sus colegas y otros trabajadores del CRI?” “Con verdadero gusto, ya que los resultados excelentes son el esfuerzo y la labor de todo el grupo. Jesús, ellos son: Aleniuska, Anairis, Yenni, Leidy, Yaimari, Tania y Ernesto”. “Bien, hermano Evelio, observo que el próximo 01-07-2019 es el día de su cumpleaños me adelanto en felicitarlo y desearle abundante salud y paz”. “Muchas gracias Jesús”.

miércoles, 12 de junio de 2019

EL CARNICERO OSWALDO CAMPOS CHIKE


   
     En enero del 2019, hace 6 meses, fui a solicitar por primera vez, una cita con la fisiatra del Centro de Rehabilitación Integral de Campo Alegre, Barcelona. La finalidad de esta consulta era que ella me indicara el tratamiento de terapia para mis manos.  Recuerdo que llegué muy temprano en la mañana, fui la tercera persona en la fila, entablé una conversación con un joven que ocupaba el segundo puesto y esperaba de pie con 2 muletas.
   “Buenos días amigo, hace frio y hay neblina, ¿a qué hora comienza la consulta?” “Tengo entendido que a las 8:30 am. Usted no parece de por aquí, en Barcelona hace bastante calor; pero en enero y febrero el clima es fresquito.” “Bien, yo me llamo Jesús, y efectivamente, vengo del Occidente, del estado Falcón, de una ciudad que se llama Santa Cruz de Los Taques, península de Paraguaná.”
“Yo me llamo Oswaldo, pero cuénteme señor Jesús, lo que le pasó a usted” “Tuve un aparatoso accidente de tránsito, iba en una moto y choqué contra un carro que se había detenido en la vía y estaba encendido, y el conductor no colocó el triángulo de seguridad, ni ningún otro aviso. Me fracturé la tibia, el peroné, la rótula y las 2 muñecas.” “¿Y por qué lo trajeron de tan lejos?” “Allá me operaron 2 veces; pero unos familiares decidieron trasladarme a Anzoátegui, en vista de que se me presentaron unos abscesos en la pierna que no curaban a pesar de los tratamientos con antibióticos. Yenni Duarte, una integrante del CLAP de El Viñedo, me llevó al CDI de Mesones donde me hospitalizaron, y allí una médica cubana al curarme la herida, me extrajo unas astillas de hueso que me producían la infección, y literalmente evitó la amputación de mi pierna. Hoy estoy vivo y camino gracias a esta doctora. Y luego, el Dr. Carlos Vásquez, excelente cirujano cubano, me intervino 3 veces más, en el CDI de Campo Claro, y todavía estoy a la espera de otra operación.”  
“¿Y a usted, Oswaldo, qué le sucedió?” “Yo iba en una moto, por mi canal, traía a mi novia de parrillera y me golpeó un camión que venía a toda velocidad, que se le habían ido los frenos y subió la isla, y me dio de frente,  salí disparado. Me salvé porque un policía me hizo un torniquete con mi correa y esto disminuyó la hemorragia. Gracias a Dios y a San Celestino a mi compañera no le pasó nada; pero a mí me amputaron los dedos y una parte del pie derecho. Menos mal, que los cirujanos traumatólogos del Hospital Luis Razetti me operaron y me salvaron la vida, y figúrese, mis familiares gestionaron y el Gobierno nacional me donó una prótesis. Ahora me remiten a los terapeutas cubanos. Me han dicho que son muy buenos…”
   “Amigo, los cubanos y cubanas son excelentes traumatólogos y terapeutas. En Cuba está uno de los mejores hospitales de traumatología del mundo, el Frank País. Esta rama de la medicina tomó allá auge, por los lesionados que regresaron de la guerra en Angola. Gracias al Convenio Cuba-Venezuela las operaciones y las terapias en los CDI y CRI se han hecho rutina en Venezuela.”
   “Oswaldo, yo escribo sobre las personas en mi blog de crónicas que está en internet y se publica también en Aporrea, ya que soy cronista, ¿podría usted hablarme de su vida?” “Con gusto señor Jesús: Nací en Barcelona, Anzoátegui, el 14-04-1997, mis padres son Oswaldo José Campos Chike y Delia Chike, mis abuelos paternos, Oswaldo Campo (difunto) y María Chike; mis abuelos maternos, Eladio Chike (difunto) y Otilia Guaigua. Tengo 3 hermanos, Carlos, Carolina y Katherine.  Estudié la primaria  en el Grupo Escolar República de Chile y saqué el bachillerato en el Liceo Ciudad de Barcelona, mi primer y único empleo fue de carnicero.”
   “Mi padre tiene una carnicería que se llama ‘Donde Carlos’, en Tronconal, mi papá vende a precios acordados, no especula y por eso es muy apreciado por la comunidad; allí aprendí todo lo relacionado con los cortes de carne y pesaje. Mi papá viajaba antes a distintos mataderos de Anzoátegui, en un camión cava a comprar carne. Hace tiempo fuimos hasta el estado Falcón, fue en un diciembre; íbamos cargados de perniles y carne de cochino que le solicitó un compadre; ya que por allá se vendía a buen precio; luego fuimos hasta el municipio Los Taques, y allí compramos carne de cabrito y chivo en un pueblo que se llama El Tacal. Toda esa carga la vendimos en el mercado de Puerto La Cruz a precio justo.”  
   “Nárreme algunos detalles de su accidente de tránsito, amigo.” “Resulta señor Muñoz, que el día del accidente mi madre me dijo: ‘Oswaldito, anoche tuve un mal sueño contigo, no salgas hoy en esa moto porque es diciembre y anda mucho gente pasada de tragos, y tengo el presentimiento que algo malo te puede pasar.’  Yo insistí en salir, no le hice caso a mamá. Si yo le hubiese hecho caso a mi madre no me hubiera accidentado; yo me excedí en la velocidad, la aguja no bajaba de 120 km, aunque ese día iba como a 80 km, ya que el caucho trasero estaba muy liso. Eso me pasó en la autopista viniendo en dirección a Barcelona.  Creo que Dios me dio otra oportunidad, hasta estoy pensando en seguir estudiando en la Misión Sucre; pero primero debo restablecerme por completo. Tuve mucho tiempo en silla de ruedas, ahora puedo caminar con estas muletas.”

lunes, 3 de junio de 2019

· EL OFICIAL RETIRADO TEÓFILO SANTAELLA ·


El 30-05-2019, el Oficial retirado de la Armada Bolivariana Teófilo Santaella escribió un artículo en Aporrea, dedicado a la memoria de su difunta madre Doña Luisa. El Oficial estuvo casado con mi difunta hermana Gladis Pastrano Freites y lo conocí en la Isla del Burro, en la década de los ‘60, cuando junto con mi mamá Rafaela Freites García de Muñoz visitaba a mi hermano Rafael Simón Pastrano Freites, quien también estuvo preso en el mencionado campo de concentración durante muchos años. Mi hermana Gladis, que en paz descanse, parió un hijo de Teófilo, Reinaldo Santaella Pastrano. Más de una vez visité la casa de Doña Luisa, aún más, la biblioteca de Santaella estuvo por años en mi casa, y allí leí numerosos libros que enriquecieron mi acervo cultural. Más de una razón me mueve pues, a incluir la publicación de Teófilo Santaella en La Crónica Taquense.
A continuación el escrito del Oficial Teófilo Santaella:
“A la memoria de mi madre.
El comienzo
Mi madre, Luisa Santaella, me inspiró para escribir este relato, alimentado por la fortaleza, la voluntad y el amor de esa buena mujer que me dio la vida. Era humilde, analfabeta y de un carácter bondadoso, pero fuerte cuando las circunstancias lo exigían. Lo que permitió que me criara, hasta los 10 años, bajo valores que ella instintivamente practicaba, sin que nadie se los hubiera inyectado. Un día me dijo: ‘Usted es sirviente de los Pérez, pero guarde la distancia con dignidad. No le agache la cabeza a nadie. Usted es pobre, pero es, sobre todo, un ser humano. Recuerde siempre: los ricos son los ricos. Ellos ven por sus ojos el dinero que ambicionan. Nosotros somos pobres, vemos por nuestros ojos la misericordia de Dios’. Nunca olvidaría ese mensaje”.
  
“Mi madre ejercía doble rol: el de madre y el de padre. Me parió en la casona de mi tía Carmen, a orillas de una quebrada. Era, como se conoce, una arrimada, cuando el 22 de julio de 1937 me fugué de su vientre y aterricé en este mundo. Supe, por encima, cuando arribé a los cinco años, que éramos tan pobres que mi madre, mi hermana y yo, respirábamos por cuotas. Pero no había amargura en nosotros. La servidumbre fue mi primer trabajo, cuando tenía seis años. Limpiaba, buscaba agua en la quebrada y sabaneaban burros en el potrero. Cuando caían y me agarraban potrero adentro esos aguaceros tramados, pensaba en mi mamá. "Dios me lo acompañe, hijito. Si llueve rece tres veces a San Isidro Labrador, él le ayudará que amaine la lluvia, y guárdese el miedo en los bolsillos. Dios me lo bendiga’ ".

“Un día, la lluvia fuerte, dura, como granito, me hizo huir del potrero antes de cumplir mi tarea. Cogí el camino, y entre charco y charco, enchumbado de pies a cabeza, iba acortado camino hacia la quebrada, pero el zumbido lejos era un presagio de la creciente. El ruido, parecido a un toro cuando lo hierran, se internaba en mis oídos, y llegaba el miedo. Era la señal de la crecida. El invierno estaba en la cima de las nubes. ‘Dios mío, ¿cómo haré para pasar el Paso del Tullío’?, pensé. Se llamaba así porque una vez, en una crecida, un hombre medio borracho había intentado cruzar las aguas embravecidas, y la endemoniada corriente se lo había llevado hasta clavarlo en una alambrada, que un pudiente había instalado para evitar que su ganado escapara. Y quedó atenazado por las púas, hasta que lo rescataron. Nunca más pudo enderezar su cuerpo y usar sus manos correctamente, de puras heridas que le maltrataron su carne viva”.

“Desde lejos, mi vista se estiró y pude observar un grupo de gente que estaba pendiente de mí, y había acudido al ‘Paso’ para animar a mi madre, que daba muestras de desesperación por el peligro que pudiera amenazarme. Con cada paso que daba hacia la quebrada, mi corazón saltaba como el de un niño con juguete nuevo. Avancé hasta que estuve a unos cincuenta metros de la orilla de las aguas que corrían como locas, serpenteando y levantando pequeñas olas que arrastraban palos, ramas y hasta algún animal muerto. Cuando estuve más cerca observé con nitidez a la imagen de la mujer que me había dado la vida. De pronto, mi tío Luis Escobar, bajo los efectos del licor, retaba a las aguas color barro, bravas como un toro cerrero, intentaba lanzarse para irme a rescatar. La gente le debilitó sus deseos, y se alejó del peligro”.

“Yo seguía a la espera. La lluvia había parado en grado sumo. Solo harineaba. Cuando percibí que una mujer se arremangó su vestido, y avanzó hacia las aguas con una mano en alto, como buscando equilibrio. De pronto un grito rasgó el silencio: ‘¡Señora Luisa, no lo haga! ¡Atrás, atrás!’ Y se lanzó, con decisión, y la frenó por un brazo. La llevó a tierra. Y recibió palabras de aliento que la tranquilizaron. Las aguas seguían bajando. Mi miedo se había ido con la lluvia. Sólo esperaba. Y llegó el momento en que vi como un jinete sobre su montura, empezaba a adentrarse en las aguas turbias. Rápidamente estuve montado en el anca del caballo y de regreso al lado de mi madre”.

“Todas estas vivencias las recordábamos ella y yo en un lugar distante a la del ‘Paso del Tullío’, 53 años después. Los años pasaron, uno tras otro, dejando huellas imborrables, como aquellos tres años que pasé en Ocumare de la Costa, a donde me había llevado mi padre, a pedido mío, a través de una carta donde le manifesté mis deseos de estudiar, por lo que le agradecía que me fuera a buscar a Sabana Grande de Orituco. Cosa que hizo y, permitió darle un giro de 360 grados a mi vida. En ese pueblo costero conocí el mar. Para mí era algo extraordinario, fuera de lo común. Mi mente no podía concebir tanta agua junta, permitiendo, además, que unos ‘bichitos’ de madera flotaran y trasladaran a personas de un lado a otro. Y mi sorpresa mayor fue cuando vi una red de pesca subir a la superficie cargada de peces, saltando como locos. A alguien le había oído hablar de la multiplicación de los peces… ¿Acaso era eso? ¿O yo estaba equivocado, como producto de mi mente febril?”
 
“Mi apuro por ver cosas y por aprender más me hizo tomar la decisión de irme a Caracas. ‘Papá, yo deseo irme a vivir con mi hermano Luis a Caracas. Te prometo que estudiaré por las noches y trabajaré durante el día’. Pero las cosas no resultaron tal y como lo había pensado. Con cuarto grado encima no se abría ninguna puerta para seguir avanzando, y, temprano, abandoné mis estudios de quinto grado por lo lejos de la Escuela en la cual me había inscrito, ubicada en El Calvario. Se trataba de una institución de enseñanza que me quedaba muy distante del cerro donde vivía, llamado ‘18 de Octubre’ ".

“Fue así como un día me encontré en la Comandancia de la Marina de Guerra, con un prospecto en mi mano. Seis meses después era Grumete, en Catia La Mar. Corría el año de 1954. Tres años después, en 1957 me gradué de Maestre de la Armada. Es decir, Suboficial. Por debajo del oficial, hasta que llegó un hombre llamado Hugo Chávez, y acabó con el ‘Sub’. (creó los Oficiales Técnicos). Iniciándose la década de los 60 comencé a oír de las guerrillas. Aquello me llamó la atención. Se habían producido varios alzamientos de militares en contra del gobierno de Rómulo Betancourt. Unos movimientos eran netamente de derecha. Pero estaba la izquierda preparándose, ya que según, los tres partidos principales que conformaban la ‘Ancha Base’ habían traicionado el espíritu del 23 de Enero de 1958.”

“Un día un compañero de armas, llamado Antonio Picardo, me invitó a dar una vuelta en su carro. En el trayecto me habló de lo que estaba en marcha. ‘¿Le echas pichón?’—me preguntó—. Le respondí: ‘Estoy listo’. Ambos éramos parte de la tripulación del Destructor Zulia. D-21. Fue así como en horas de la madrugada del 2 de junio de 1962, el trueno de los cañones y el tableteo de las ametralladoras despertaron a los borrachitos que dormían sobre los bancos de la Plaza Flores, en la ciudad de Puerto Cabello. Más tarde, con nostalgias oiría el bolero cantado por Felipe Pirela en honor a la referida plaza”.
  
“Rómulo Betancourt, también se despertó en sobresalto: ‘Esos son los Cabeza Calientes, infectados del comunismo exportado por Fidel Castro. Hay que exterminarlos como sea’, le ordenó a su ministro de Defensa-. ‘Treinta años de cárcel, para todos estos carajos’. En efecto, la Corte Marcial se afincó y pidió: 30 años para los tres cabecillas; 25 para los oficiales y 22.5 para los Suboficiales”.
  
“No reaccioné ante la sentencia. No podía creer que yo pudiera pagar tantos años de cárcel. Me movía como un zombi. Alimentando mi alma con la solidaridad entre nosotros, y la convicción que no pagaríamos esa pena. Estuvimos tres meses en reducidas celdas del cuartel Carabobo, donde nos torturaban con el eco de los instrumentos de música de la banda marcial. Escogían horas claves para hacernos el regalo de los ensordecedores sonidos. Los soldados de ese cuartel fueron los primeros que llegaron a combatirnos en Puerto Cabello. El ensañamiento era a toda hora y de acciones alternas, como pasarnos la comida en menajes rodados sobre el piso, a través de las rejas. En ese ínterin, tuvimos la visita del diputado José Vicente Rangel. Días más tardes nos permitieron ver a nuestros familiares desde lejos. Luego, sorpresivamente, nos trasladaron al Cuartel San Carlos, en Caracas”.

“En el cuartel San Carlos por fin pude ver a mi madre. Nos abrazamos. Así estuvimos un rato. El silencio nos atrapó. El tiempo pareció una eternidad, los años viejos se amontonaron a flor de piel. Sentí, en profundidad, los latidos de su corazón. Me imaginé que ella sentía los míos. Cuando nos separamos, ambos teníamos lágrimas que regaron nuestra cara. ‘Hijito, ¿cómo estás? ¿Cómo me lo han tratado? ¿Por qué hijo… por qué? ¿Por qué se metió en esto? Siento un gran dolor verlo así, como si me lo hubieran arrancado de mis brazos. Esa gente del gobierno dice muchas cosas… Que ustedes son comunistas, y que son unos traidores a la patria. Eso me dicen a mí que dicen ellos. Porque usted sabe que yo no aprendí a leer. Mi comadre es la que lee los periódicos y luego me cuenta… He estado pegada de José Gregorio Hernández, a quien le rezo todas las noches para que me lo proteja. Y a Dios lo molesto a cada rato’.

 “No sentamos agarrados de las manos. Y después de aplacar las emociones, comenzamos a recordar cuando la crecida de la quebrada y el ‘Paso del Tullío’. Ni siquiera tuve tiempo de revisar la bolsa que me entregó. ‘Allí le traje unos bollitos con chicharrón’, me soltó al oído.”

“Siempre, desde mis correrías de muchacho en Sabana Grande de Orituco, a mi madre la veían como una mujer y una madre ejemplar. Veía en sus ojos, algunas veces, mucha tristeza, pero en otras percibía a un ser humano de incalculable valor, y sobre todo de mucha esperanza. Recuerdo que una vez, luego de regañarme por un mandado mal hecho, me dijo: ‘Las cosas hay que hacerlas bien. Si usted barre donde los Pérez, hágalo bien. Si a usted lo mandan a hacer cualquiera tarea, cúmplala. No importa que le moleste, pero cúmplala. Eso sí, nunca baje la cabeza a nadie, por pobre que sea’.

“Cuando llegó la hora de despedirnos, me dijo: ‘Allá todos preguntan por su persona. Mi comadre reza y le pide a todos los santos que salga bien de esta lavativa. Lo dejo con Dios, en la próxima visita le traeré más bollitos de chicharrón… ¿Quiere que le traiga algo especial?’. Le respondí: ‘en el estante hay unos libros que deseo me traiga. Busque la ayuda de Carmen. Se trata las novelas de Rómulo Gallegos’. Nos despedimos con otro abrazo. Esta vez más corto. Se fue, y me dejó con más ganas de quererla.’

“La estadía en el cuartel San Carlos fue grata, no tan solo por la compañía de otros oficiales no pertenecientes ni al Carupanazo ni al Porteñazo. El ambiente entre unos y otros fue fraterno. Entre esos oficiales estaba uno que reconocí de inmediato: se trataba del general Jesús María Castro León, ex ministro de la Defensa, y quien se alzó en dos oportunidades contra Betancourt. Era una persona de baja estatura, de paso parsimonioso y un rostro indescifrable, adornado siempre con unos lentes ‘Ray Ban’ que no se los quitaba ni para dormir. Nunca, en el tiempo que estuve en ese lugar pude verle los ojos. Era parco en su habla, y difícil para entrarle, por lo menos para nosotros, los de izquierda.”

“En la isla del Burro la vida corría rápido, entre visitas y juegos de volibol, lectura de prensa, lectura y comentarios sobre rumores. Hasta que nos llegó la información de que el gobierno estaba preparando unas instalaciones especiales para los militares ‘remoqueteados’ de comunistas, en la isla del Burro, ubicada entre los estados Aragua y Carabobo. Se suscitó una polémica entre los oficiales de derecha y los de izquierda. El Comandante del San Carlos, mayor Pulido Tamayo, desmintió que hubieran dos listas: los que se quedaban y los que serían trasladados a la isla del Burro. Pero el rumor se confirmó cuando nos avisaron que debíamos prepararnos para el viaje. Eso originó un malestar, el cual desencadenó, la noche del traslado, en quema de colchones, protestas, gritos, etcétera.”

“En minutos cercanos a la media noche, todo había terminado para nosotros. Nos subieron en un autobús y dejamos atrás las ‘cómodas celdas’ del viejo cuartel San Carlos. En mis adentros, siempre conservé la esperanza de la llegada al Comando del cuartel de una contraorden. Pensaba en mi madre y lo que significaría para ella un traslado tan lejos de Caracas. Pero, pensaba en otras cosas: ‘Cómo nos recibirán los guardias, y, sobre todo, cómo será esa cárcel. Como sea estaremos peor que en el cuartel San Carlos, donde todo lo teníamos cerca’ ".

“El autobús, después de rodar y rodar, pasó por un pueblo que más tarde supe que se llamaba Magdaleno. Se internó por trozo de carretera de tierra y monte, y, de pronto, se paró. Habíamos llegado a la orilla de la conocida y famosa isla del Burro, la misma de donde en tiempos del presidente de Venezuela, general Medina Angarita, se había fugado, a puro nado, un famoso delincuente llamado ‘Petróleo Crudo’, quien fue indultado por el presidente, como un regalo por su hazaña. ‘En columna de a uno’, se oyó una voz de mando. ‘Abordar la gabarra’. Y subimos a la vieja embarcación (una gabarra) que nos trasladaría al otro lado, donde nos esperaban otros guardias. Veinte minutos después del zarpe, estábamos a merced de los guardias, con caras de perros rabiosos. Nos requisaron, y uno a un iniciamos el ascenso del terreno empinado hacia nuestro nuevo ‘hogar’.

“El recibimiento fue explosivo. No eran los guardias. Eran camaradas civiles, presos por diversas actividades políticas. Todos de izquierda. Allí compartimos por unos dos meses aproximadamente. Luego nos separaron. A ellos los llevaron a barracas acondicionadas para tales efectos. Eran unos barracones donde había camas de lado y lado. Con un baño en cada uno. Alambradas de púas electrificadas bordeaban el terreno sinuoso, donde estaban las instalaciones, y las garitas con guardias con armas largas. Se dijo, en aquella oportunidad, que en la construcción de la cárcel habían participado israelitas”.

 “Nosotros, los militares, estábamos mejor que los camaradas civiles. Cada quien tenía una habitación, puertas abiertas, sin comodidad, pero sin rejas. Un baño múltiple. Sin embargo, había una reja principal que nos separaba del exterior. Con barras gruesas, candados y cadenas gruesas. Así, entre esperanzas disminuidas, comenzamos a vivir una vida diferente. Comida incomible, guardias amenazadores, requisas a todo momento, e intentos de fuga”.

“El primer día de visita fue una fiesta entre presos y familiares. Abrazos, besos, saludos y las esperanzas de una corta estadía. Mi madre, como otras madres, esposas, hermanos y hermanas, primos, llegó cansada no sólo por el viaje, sino por lo torturante de la requisa de los guardias, y luego, vencer la empinada hasta llegar al portón. Además, de sus bollitos de chicharon (se hicieron famosos con el tiempo, entre mis compañeros), me trajo los libros que le había encargado estando en el San Carlos. Recibí los clásicos, y literatura Latinoamérica, donde destaca la novela Cacao, de Jorge Amado. También me incluyó, ‘Así se templó el acero’, de Nikolai Ostrovski, y el Manual de Marxismo Leninismo. Este último lo recibí días después, luego de ser bien revisado por las autoridades del penal. A cada libro le ponían un sello: REVISADO. En visitas posteriores seguiría trayéndome libros. Así nació mi pasión por la lectura, hasta el día de hoy. Los libros fueron mis fieles compañeros durante mi encarcelamiento, y aún lo son. Pienso que ya no puedo vivir sin mis libros”.

“Atendí a mi madre con cariño y mucho amor. Entró en horas de la mañana y partiría a las 4 pm, cuando sería requisada de nuevo, antes de abordar la gabarra y, luego de 20 minutos de travesía, se treparía al autobús para el regreso… Después del descanso almorzó conmigo, y antes de la llegada de la hora charlamos. ‘Hijo, por qué usted se metió en esto. Tanto que luchó por estudiar y subir, y ahora sometido a esta situación que me tortura el alma’. Y le respondí: ‘Perdóneme por los sufrimientos que le he generado, pero mis compañeros y yo estamos aquí por dar un paso al frente en contra de un gobierno despótico y represivo que nos enfrenta con armas, encarcelamiento y torturas. Muchos jóvenes estudiantes han sido asesinados en las calles de Caracas. Otros se han visto en la necesidad de irse a las montañas de Falcón y el Bachiller, en el estado Miranda, para combatir a las tropas que envía el gobierno a liquidarnos, sea como sea. Nuestra familia es el mayor soporte con que contamos en esta lucha. Usted, me motiva a seguir hacia delante, y a no bajar la cabeza, como me dijo un día allá, en Sabana Grande. Se acuerda: ‘Hijo, usted es pobre, como su hermana y como yo, pero nunca le baje la cabeza a nadie. Dios debe tenernos un mundo mejor’. Buscando ese mundo mejor es por el cual me metí en ‘esto’… ¿Me comprende?”

“El 4 de agosto, de 1967, en horas de la tarde, llegó a mis manos la constancia de mi libertad. ‘El suscrito Director Encargado de la cárcel nacional de Tacarigua, hace constar que el ciudadano TEOFILO SANTAELLA, salió en Libertad Plena en el día de hoy. Certificación que se expide a petición del interesado por carecer de documentos que lo identifiquen. Atentamente, Rafael Acuña’ ".

“Cinco años después, toqué la puerta del rancho donde habitaba mi madre, en la tercera vuelta del Atlántico, en La Silsa. Nos abrazos de nuevo. Como aquel abrazo en el cuartel San Carlos, este fue más largo, más intenso, y de mis ojos y de los ojos de ella brotaron las lágrimas. Lágrimas de libertad. Lágrimas de alegría, llenas de sol y de amor. Más tarde, cuando yo estudiaba en la Universidad Central, fui apresado por la DISIP, y llevado a los sótanos de ese órgano de seguridad, en Los Chaguaramos, con motivo del secuestro de Frank Niehous, presidente de la Owens Illinois, en Venezuela, ya que yo trabajaba en Maviplanca (empresa fabricante de vidrios planos), perteneciente al Grupo Owens, pero no pasó de un susto. Rápidamente fui liberado. Seguí fiel a mis principios, hasta hoy. Por otro lado, mi madre murió en 1995, en La Victoria, estado Aragua. Se sentó en una silla plegable que le había regalado para sus descansos, y se quedó tranquila y en paz. Se había ido, sin ver su mundo mejor”.

lunes, 27 de mayo de 2019

· DON PEDRO CELESTINO GUZMÁN ·



A don Pedro Celestino Guzmán lo conocí uno de estos días de mayo del 2019, en el Centro de Rehabilitación Integral de Campo Alegre, Barcelona, estado Anzoátegui, donde los excelentes terapeutas y una fisiatra cubanos (soldados de la salud, de bata blanca) imparten gratuitamente, todos los días, desde las 8:30 am, consultas y terapias a niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad por diferentes afecciones de los huesos, como también del lenguaje. Aplican hidroterapia, terapia con magneto, electricidad y lámparas de calor, y además, tienen un podólogo que trata el pie diabético y los problemas de las uñas y callos. También en este lugar hay un gimnasio con diversos aparatos para ejercicios terapéuticos y 2 camillas para masajes. La dedicación y esmero de los hermanos cubanos es impresionante, digna de admiración y elogio.
Estaba en la sala de espera aguardando la reconsulta de la médica fisiatra, cuando entablé una amena conversación con don Pedro Celestino. “¿Señor Pedro, podría usted decirme su lugar y fecha de nacimiento?” “Mi madre me parió en Barcelona, en un barrio llamado Portugal Arriba, el 15-03-1940”. Inmediatamente me vino a la mente la imagen de mi papá, quien nació y se crió en ese sector. ¿“Por casualidad usted no conoció a mi padre, Jesús Muñoz Pardo?, él era hijo de don Juan Muñoz y doña Gumersinda Pardo”.
“Caramba déjeme recordar… sí, ese nombre me es familiar. ¡Dios Santo qué pequeño es el mundo! Personalmente no conocí a su papá. Pero nunca olvidaré que mi madre decía que su abuelo don Juan fue un hombre muy caritativo; que él tenía un ganadito por Los Montones y en Cruz Verde, y todas las mañanas frente a su casa se hacía una cola de unas cuantas personas. Sencillamente, después que regresaba del ordeño le repartía leche gratis a los más necesitados. Eso se comentaba mucho en aquellos tiempos, y su hijo Juancito Muñoz Pardo siguió con esa misma tradición e incluyó a pobladores de Guamachito”.
“Luego, en la época del General Marcos Pérez Jiménez siendo yo un joven, supe por unos comentarios que escuché de unos familiares, que su padre era comunista y se la pasaba conspirando contra el Gobierno de aquellos tiempos con otros revolucionarios; si mal no recuerdo, uno de apellido Rodríguez y otro de apellido Scott, el abogado Luis Rafael Zambrano y Miguel Otero Silva, quien vivía, sí la memoria no me falla, entre las calles Juncal y San Félix, cerca de la fábrica de refrescos San Tomé Club. Recuerdo -aunque no estoy muy seguro- que también había cerca de la vivienda del escritor un depósito de leche Upaca, donde trabajaban como obreros unos falconianos de Los Taques, península de Paraguaná, quienes eran pescadores y estaban esperando que arreglaran su barco que se había dañado en una tormenta”.
“El barrio era pequeño y la gente comentaba de todo el mundo. Recuerdo que decían de su padre que manejaba un camión de Pepsi-Cola; pero viéndolo ahora desde el ángulo de la malicia, ese era su camuflaje. La ruta de vendedor de refrescos de su papá era hacia Santa Inés y esto le permitía ayudar a organizar células del Partido Comunista de Venezuela”. “Caramba don Pedro, es tan cierto lo que usted dice, que él conoció a mi madre Rafaela Freites García en ese pueblo. Y luego en 1950 estuvo preso por participar en una huelga petrolera que organizó el PCV. Él no era obrero petrolero, pero actuaba como activista político entre los trabajadores de esa industria”.
“Don Pedro Celestino cuénteme sobre su vida”. “Con gusto Muñoz. Mis padres fueron Agapito Atay y Ramona Guzmán Guzmán; como ya le dije, nací en la capital del estado, en la década de los ‘40. Mis abuelos fueron Petronila Guzmán y Raimundo Guzmán (eran primos hermanos). Tengo 5 hijos: Pedro Celestino, Noel Enrique, Carlos, Zoraida Roxeina y Edgar Daniel. Mis hermanos son María, Petra, Rafael, Leonilde y Rosa.”
“Mi familia era muy pobre, mi primer empleo fue como limpiabotas, cuando tenía 11 años en la avenida 5 de Julio, -en la actualidad Bulevar 5 de Julio-, diagonal a la calle Páez. Un fiscal de tránsito le estaba haciendo una boleta a un chofer, de pronto, sin ton ni son le dio un planazo, yo estaba a distancia de esas personas y no pude escuchar que le dijo el conductor al funcionario; pero aquel suceso dejó en mí una profunda huella. Eran los tiempos de la dictadura perezjimenista. También trabajé vendiendo los periódicos Ultimas Noticias, La Esfera y El Universal. E iba a buscar la bosta de vaca en carretilla, y se la vendía a los albañiles que la añadían a la mezcla del friso de las casas”.
“Gracias a los buenos consejos de mi difunta madre estudié y me hice profesional; pero los sacrificios que tuvieron que hacer mis padres fueron inmensos; además, yo siempre estudiaba y trabajaba. Saqué el 6° en El Grupo Escolar José Antonio Anzoátegui, me hice Contabilista en 1966, en el Instituto de Comercio Guevara Rojas, Bachiller Industrial en la Escuela Técnica Industrial en 1982 y Contador Público egresado de la Universidad de Oriente (UDO). Muy pocos de mis condiscípulos de primaria pudieron estudiar. Luego llegaron las Misiones Educativas del Comandante Chávez y se masificó la educación.” “Don Pedro unos parientes me hicieron llegar una foto de una colección en miniatura de botellas de Pepsi-Cola (de 1905 al 1998), que pertenecieron a mi padre, ¿me autoriza usted que la coloque en su crónica con su foto?” “Por supuesto que sí Muñoz”.

lunes, 20 de mayo de 2019

· DOÑA MARIA ALTAGRACIA PRADO ·


Un familiar de la difunta señora María Altagracia Prado, de nombre Ada Borges Prado, en una conversación que sostuve con ella; me contó que uno de sus antecesores peleó en la batalla de Urica, en realidad no tengo manera de confirmar esta información; pero el asunto me pareció interesante y se los narro a continuación:
“Señora Ada, hábleme de su madre y de lo que le contó en relación a la muerte de Boves, El Urogallo”. “Muñoz, mi difunta madre María Altagracia Prado nació en Bergantín, población del estado Anzoátegui, el 20-01-1920 y murió el 14-01- 1985. Sus antecesores se dedicaban al cultivo del café en haciendas de la comarca, en un caserío de nombre El Cielo, desde la salida del sol hasta su ocaso, y cuando se descuidaban los trabajadores recibían latigazos del mayoral, quien casi siempre era un zambo manumiso que estaba a favor de los españoles”.
“Muñoz Freites, mi mamá contaba que su tatarabuelo estuvo presente en la batalla de Urica como soldado de infantería de las tropas realistas y que los patriotas le hicieron prisionero, le perdonaron la vida, y se incorporó a las tropas del Centauro del Llano General José Antonio Páez Herrera. Urica es la capital de la parroquia del mismo nombre ubicada a 45 km al sureste del poblado de Santa Inés, en el estado Anzoátegui, en Venezuela, donde a pesar de ganar el combate los godos, el Asturiano de Oviedo, José Tomas Boves Rodríguez fue atravesado en el pecho por la lanza del patriota General Pedro Zaraza Manrique”.
“Se decía que ‘el Taita’ tenía pacto con el diablo y presumía de saber dónde y cómo sería el momento de su muerte. Así que marchó hacia esa población lleno de presentimientos y preocupaciones. No sólo no se conformaba con asesinar a los patriotas; sino que violaba sus mujeres, hijas, hermanas, tías y les sometía a terribles torturas”.
Cito a continuación las destacadas opiniones de algunos historiadores sobre el matarife Boves, “El Urogallo”: “La pérdida de la Segunda República fue quizá el acontecimiento que más enseñanzas dejara en el Libertador Simón Bolívar. En 1814 ocurre en Venezuela una verdadera rebelión, no de blancos criollos contra españoles colonos; sino de afrovenezolanos esclavos y cimarrones, pardos, zambos e indios; los nadie, los hasta entonces olvidados por todo precepto independentista y realista. José Tomás Boves lidera la rebelión, congrega un ejército popular que se sostiene en la rabia contra el dominador esclavista y en la necesidad de igualdad social de las mayorías pobres, segregadas principalmente por el color de su piel”.
“Boves, tan cruel, asesino y astuto como carismático y valiente, tuvo una breve carrera militar como destacado realista, pero nunca fue Jefe de Estado desde su reclutamiento el 20 de mayo de 1812 hasta su muerte el 5 de diciembre de 1814. En su momento de mayor poder era el amo absoluto de los Llanos, capaz de movilizar una hueste que empequeñecía a las unidades de patriotas, 6.000 a 7.000 jinetes y de 2.500 a 3.000 infantes, su refugio en los Llanos era un poblado llamado Guayabal, cercano a Calabozo. A nombre del rey de España le prometía libertad a los afrovenezolanos y repartir la tierra de los blancos criollos entre los llaneros.
Menos de 160 europeos eran los integrantes de su ejército, todos los demás eran venezolanos, gracias a que supo ganar para su causa el resentimiento social de la masa de negros, indios y pardos identificando a los republicanos con los blancos propietarios, dándoles una justificación para sus matanzas. Esto último no era del todo demagogia, habían sido los blancos ricos e imbuidos por las ideas de la Ilustración los que habían iniciado la Guerra de Independencia”.
“Este discurso de promesas concretas resultaba atractivo para poblaciones coloniales, que tenían nociones muy simples de lo que era la Monarquía. Desde su punto de vista, el poder real era visto por buena parte de la población como un control lejano del poder de las élites locales en defensa de los jornaleros y gente de color. En el caso específico de los llaneros, el poder real era un freno para las ambiciones de los comerciantes y terratenientes caraqueños, deseosos de usurparles sus tierras, acabando así con su modo de vida tradicional”.
Ahora bien, retornando a la crónica de la señora María Altagracia, su hija Ada me continuó contando: “Mamá parió catorce hijos e hijas: José Celestino Prado (difunto), Ligia, Antonio, Lourdes, Carmen (difunta), Gladys, Alida, Flor, Rosa, Ángel y Carlos Eduardo (difunto) y 2 morochos sietemesinos, quienes no sobrevivieron, de apellidos todos Borges Prado. El trabajo en estos campos era durísimo, mi madre heredó un terreno de sus padres donde sembraba café y caña de azúcar; pero un señor hacendado se lo quitó. Ella quedó huérfana a los 11 años y la despojaron de esas tierras. Vivió toda su vida con Rafael Borges y le ayudaba a sostener el hogar lavando y planchando”.
“Mi padre consiguió empleo como chofer en el Ministerio de Agricultura y Cría, en el Gobierno de Rómulo Betancourt; los sueldos eran miserables, se les disminuyó el 10% a los empleados públicos y a los obreros, y el dinero no alcanzaba para nada. El mantenía su familia porque su primo hermano tenía una finquita y sembraba de todo: pimentón, tomate, ají, repollo, yuca, ocumo, piña, berenjena, caña. La buseta o el Volkswagen que manejaba lo traía cargado de carne, verduras y legumbres; que traía del campo y repartía entre sus familiares y amigos; cuando falleció más de 600 personas asistieron a su funeral y entierro. Sus amigos eran gente de izquierda, comunistas, como también de derecha y hasta perezjimenistas”.
Continúa narrando la hija de Doña María: “Mi padre Rafael fue copeyano; pero estuvo influido por ideas de la Izquierda Cristiana. Mi papá fue un hombre honesto, siempre pagó sus deudas. Un año después de morir él, mi mamá falleció de tristeza y pesar, no quería comer suficiente. Mis padres están enterrados en el cementerio municipal de Barcelona. Cuando mi madre enfermó, le hizo jurar a mi hermana Rosa (quien parió 5 hijos), que no abandonaría a sus hermanos y hermanas. Ella nos ayudó durante años, trabajó como secretaria de la Asamblea Legislativa del estado Anzoátegui, luego, como secretaria de la contratista GLAMA. Y apareció Chávez, y se hizo chavista. Perdió su jubilación porque emigró al municipio Los Taques, estado Falcón, y pronto cumplirá 61 años”.
“¿Señora Ada, que opina usted de la situación actual?” “Muñoz, aquí en algunos barrios de Barcelona los precios están carísimos, los comerciantes y los bachaqueros hacen lo que les da la gana; el sábado 18-05-2019 el Presidente Maduro mandó a vender pollos a 5495 el Kg, cosa que nos alegró sobremanera; ya que por acá, se vende a 12, 14, 18 y 20 mil Bs y hasta aceptan dólares, -yo nunca he visto ese billete-, se burlan de los precios regulados”.
“Hay pollo, pero yo soy una mujer pobre que me sostengo de la pensión de Amor Mayor, de los Bonos y de la ayuda que me dan mi sobrina Yule, de una hija que ocasionalmente trabaja en casas de familia y un hijo que actualmente está desempleado. Las cajas no se ven desde febrero, no comprendo por qué aquí en Camino Nuevo no llegan las bolsas, si la mayoría somos muy pobres. Pero a pesar de todo, yo soy chavista. Voté en todas elecciones y volveré a hacer para la Asamblea Legislativa arriba a la izquierda, pulsaré con mi dedo de nuevo en los ojitos de Chávez. Mi Presidente Maduro está haciendo un gran esfuerzo a pesar del feroz bloqueo económico y no nos deja pasar necesidades; pero la gente quiere y necesita que las ventas de carne, pollo y huevos baratos se hagan cada 15 días; conozco familias que están comiendo cable porque los encargados no hacen su trabajo como debería ser y no tengo miedo de decirlo; yo hablo mucho, pero siempre digo la verdad”.



jueves, 9 de mayo de 2019

· MARBELKIS ALEXANDRA LÓPEZ QUIARO ·


El 08-05-2019, temprano en la mañana, me dirigí al Centro de Rehabilitación del Convenio de Salud Cuba-Venezuela en Barcelona, inaugurado en el gobierno del capitán José Pérez Fernández, exalcalde del municipio Simón Bolívar, en 2005 durante el mandato del Presidente Constitucional Hugo Rafael Chávez Frías, donde todos los días recibo terapia en mis manos a causa de los fuertes dolores que me aquejan; también son atendidas otras 50 personas más por diversas dolencias de los huesos y problemas que ameritan terapia del lenguaje.
En la sala de espera, entablé una amena conversación con una joven señora de nombre Marbelkis López. Ex profeso orienté nuestro diálogo hacia el rol que desempeñan las madres en la vida de todos, le expliqué que yo era el cronista oficial del municipio Los Taques, Falcón, Paraguaná y que mi profesión básicamente consistía en reseñar la vida de las personas para que las generaciones futuras tengan una exacta visión de nuestra época.
“Señora Marbelkis ¿le gustaría que sus tataranietos vieran su foto y leyesen en internet quién fue usted?” “Por supuesto que sí, lo que usted me dice es sumamente interesante y me da la sensación de que mis descendientes me podrán conocer. Quien diga que lo que usted hace es una tontería es un burdo ignorante. Ser cronista es una profesión muy importante, la historia que usted escribe son como unas cápsulas del tiempo”.
“Bien, señora Marbelkis, hábleme de usted”. “Yo soy chavista, cristiana evangélica pentecostal, tengo 2 hijos y soy soltera”. “¿Y por qué es chavista?” “Sencillamente, porque a pesar de la inflación inducida por los empresarios y comerciantes y del bloqueo económico que solicitaron algunos líderes de la oposición al Presidente Trump, del intento de golpe de estado de Guaidó y sus secuaces quienes deberían estar presos; el Presidente Maduro me hace llegar el bono de Hogares de la Patria y laboral porque estoy desempleada, mis hijos reciben cuadernos, libros y educación gratis, desayunan y almuerzan en el comedor escolar, tienen sus computadoras escolares Canaimita, estoy aspirando una vivienda por la Gran Misión Vivienda Venezuela, aunque por la casa de mi madre no pasaron a encuestar, y allí ya no cabemos y por si acaso mi Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros lee esta crónica, mi número telefónico es: 04262854786”. “Es posible que así suceda señora López, ya que el blog de crónicas de este humilde cronista ha recibido más de 59680 visitas hasta la fecha de hoy, y es leído en toda la República Bolivariana de Venezuela y en Latinoamérica”.
“Felicitaciones, señora López el próximo 12 – 05 - 2019 es un día importantísimo en este país, es el Día de La Madre, el ser que nos inscribe en el libro de la vida, quien nos pare, nos cría e incondicionalmente nos quiere”. “Señor, qué palabras tan bonitas, uno lo escucha hablar y como que se enamora. En verdad, que el innombrable anda siempre por el mundo tentando, pero estoy en desacuerdo con usted, ya que hay mujeres como mi vecina colombiana que no pueden parir, sino que les hacen cesárea totalmente gratis”.
“Señora Marbelkis, ¿dónde y cuándo nació usted?, hábleme de su vida” “Yo nací en Barcelona, Anzoátegui, el 28-07-1983, vivo en el barrio 29 de Marzo, mis padres son Belkis Josefina Quiaro de López y Marco Emilio López Quiaro, por mis venas corre sangre de los indígenas kariñas, mis abuelos maternos y paternos que en paz descansen fueron Edith Josefina Jiménez de Quiaro, José Isabel Quiaro, Melania Guaregua de López y Pablo Emilio López López, mis hermanos son Marcos Alexander, Edgar José, Ronny y Emilio. Mis hijos se llaman Kelvis Alberto Sarmiento López y Abimael Isaac López Quiaro. Estudié el 6° grado en la UE Manuel Farías Luces, El 5° año en el Liceo Cardona y actualmente curso en 1er Semestre de Recursos Humanos en la Universidad Simón Rodríguez, mi primer empleo fue en Ciudad Traki en Lechería, mi último empleo fue en la lonchería La Bomba haciendo arepas, tequeños, pastelitos y atendiendo al público, este negocio es de un español que ni remotamente piensa irse de Venezuela y está ubicado después del peaje de Mesones; este negocio se la pasa lleno de personas comiendo”.
“El señor Jesucristo me llena de bendiciones, Él ha obrado en mí, he visto el Poder que tiene la sangre de Cristo aunque reconozco que yo como ser humano he pecado. Recién parida, el Poder de Dios se manifestó ante mí, aparentemente todo había salido bien, salí de la sala de partos llena de alegría y felicidad, cuando de pronto entra una enfermera y me dice que mi niño tiene dificultades para respirar, se lo llevan al retén de recién nacidos en el piso 5 del Hospital Luis Razzetti.
El 25-06-2015 a las 9 pm, no sé porque no me venían a buscar para darle el pecho; eran como las 4 am, me paro voy hasta el retén y vi que mi bebé lloraba desesperado: la enfermera, cansada de cubrir sola la guardia, se había quedado dormida. La realidad fue que mi niño en la mañana comenzó a convulsionar por deshidratación y se puso grave. Le rogué al Señor Jesucristo que obrara un milagro y salvara a mi bebé. La pediatra de guardia estaba atendiendo otra criatura que estaba muy mal. No sé de donde salieron tres muy hombres muy altos vestidos de blanco, quienes entraron al retén, atendieron a mi niño y este mejoró inexplicablemente. Los hombres desaparecieron. Nadie sabía quienes eran esos señores, yo si lo sabía, eran tres poderosos ángeles que envió Dios misericordioso.”
No sé porque escuchar este relato me hizo recordar que cada minuto mueren 3 niños de hambre en el planeta Tierra por enfermedades cuya verdadera causa es la desnutrición. Y que el único lugar donde no sucede eso es en Cuba. Por el bloqueo económico hay un número considerable de niños que pueden morir en Venezuela. Que hay 12 niños en un hospital de Italia que iban a ser trasplantados de médula, y PDVSA no ha podido enviar los recursos porque estas operaciones se van a financiar con fondos de la refinería CITGO que nos robaron, que hasta la fecha han muerto 40 mil personas a causa de que no le permiten al Gobierno nacional comprar medicamentos y alimentos para el pueblo. Pero como dicen los hermanos musulmanes, Dios es Grande.

lunes, 6 de mayo de 2019

· LA MADRE ·


Hoy 06-05-2019, evocando a mi difunta progenitora Rafaela Freites García de Muñoz, a seis días del Día de La Madre escribo esta crónica sobre la constante generadora de la vida humana: la mamá de cada uno de nosotros. Es tanta su importancia para el género humano, que hasta el Hijo de Dios fue parido por una mujer. Bien pudo el Todopoderoso haber utilizado cualquier medio para traer a su Hijo al mundo, pero para vincularse estrechamente a la especie homo sapiens, una hembra fue preñada por la Divinidad y anidó en su vientre, parió y amamantó con sus pechos al Creador del Cielo y de la Tierra.
Pero para demostrarnos que madre no es solamente la que da a luz al neonato, no lo abandonó nunca, sino que lo acompañó hasta el terrible momento en que es asesinado en la cruz; allí junto con María Magdalena y Marta sufrió desesperadamente y con estoicismo por la muerte de su Jesús, el Nazareno, aunque tenía la absoluta certeza que el Cristo resucitaría de entre los muertos.
Digamos a voz en cuello, sin ninguna duda, que el amor de la madre por el hijo que llevó en su vientre, o mejor aún, el que crió, estuvo, está y estará siempre más allá del bien y del mal, más allá de cualquier circunstancia. Ella fue y es la hembra de la especie capaz de sacrificar todo, hasta su vida, por el hijo bien amado. No sólo fue la que nos parió con dolor, sino la mujer que no nos abortó a pesar que éramos el fruto prohibido del pecado; quien respetó nuestra vida cuando todos los hipócritas pecadores arrojaban sobre ella la primera piedra. Se sintió orgullosa de inscribirnos en el libro de la vida cuando la estupidez humana la señalaba por llevarnos en sus entrañas y parirnos.  
No sólo fue la que nos parió con dolor, sino quien trayéndonos al mundo, nos crió con cariño y ternura. Procuró que fuésemos personas de bien y saliéramos de las tinieblas de la ignorancia con sus sacrificios, esfuerzos y duros trabajos. Ella lloraba ante nuestras tristezas y fracasos, velaba ante nuestro lecho de enfermo e hinchaba su corazón de gozo ante nuestras alegrías y triunfos. Nos iluminó el camino recto y justo, siendo recta y justa; nos dio el consejo y el consuelo oportuno; nos enseñó a ser tolerantes y a oír a los demás, ya que practicaba la tolerancia y oía. De ella aprendimos, con su ejemplo, a sacrificarnos por el prójimo que sufre y padece, a compartir lo nuestro con los más necesitados, y ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.
No sólo fue la que nos parió con dolor, sino el ser humano que nos enseñó a temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, a justificar nuestra existencia por ese gran amor y dedicación que debemos tener por el prójimo: ¡los pobres!, porque temblaba de ira ante la iniquidad, y justificaba su vida por el amor y dedicación a los menesterosos. Estuvo siempre al lado de los que tienen hambre y sed de equidad, al lado de los perseguidos por la causa de la justicia. Ella vive y vivirá en nuestra mente: aunque su presencia ya sea inexistente, es de nuestra vida lo más valioso. ¡Qué no hiciéramos por ella! Si ella hizo y haría cualquier cosa por nosotros, debido a ese inmenso amor que nos profesó, y nos profesa en esta y en cualquier realidad posible en la cual se encuentre.
¡Madre! Seguros estamos que, si fuéramos los criminales más terribles del género humano y nos llevaran al patíbulo a causa de nuestras maldades, sólo tú intentarías detener la mano del verdugo; si nuestros cuerpos estuvieran cubiertos de llagas, escaras y pústulas malolientes y supurantes sólo tú nos curarías sin asco, ya que en cada uno de nosotros amaste y amas a todos los hijos del mundo. La hembra que tiene un hijo no es sólo madre de éste, sino de todos los niños del universo.
¡Madre inolvidable! Guardamos tu amor como el ensueño santo y le consagramos el más puro y luctuoso canto, porque así como la vida es de la muerte, así siempre por toda la eternidad hemos de quererte. Nadie olvida a su mamá, ella siempre está y estará presente hasta que exhalemos nuestro último suspiro.