viernes, 26 de julio de 2019

· ARGIMIRO GABALDÓN MÁRQUEZ ·

Argimiro Gabaldón, de nombre completo Argimiro Enrique de La Santísima Trinidad Gabaldón Márquez, alias Comandante Carache o Chimiro, nació en la hacienda Santo Cristo, Biscucuy, Portuguesa, el 15 de julio de 1919, y muere en las montañas de Lara y Portuguesa, 13 de diciembre de 1964. Fue un poeta, pintor, militante del Partido Comunista de Venezuela y guerrillero venezolano.

Fue Comandante del Frente Guerrillero de Liberación Nacional Simón Bolívar o “Libertador”, organizado a partir de 1962, perteneciente a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), cuyo motivo fue el de emprender la lucha armada desde Los Humocaros en el estado Lara, confluencia montañosa con los estados Trujillo y Portuguesa, en contra de los gobiernos representativos en el poder a partir de la firma del Pacto de Punto Fijo (1958).

Argimiro fue el octavo de diez hijos, criado en la hacienda Santo Cristo en el estado Portuguesa. Su madre fue Teresa Márquez Carrasqueño, y su padre José Rafael Gabaldón, quien es recordado como un líder de montoneras y alzamientos en contra de la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935), además de gobernador en dos oportunidades del estado Lara y embajador de Venezuela en Brasil y Cuba.”

Desde muy niño mostró interés por los estudios y con apenas 19 años de edad se incorpora a una célula clandestina del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en El Tocuyo. Al concluir la secundaria, viajó a Brasil y Argentina para estudiar Arquitectura. Allí asume la ideología de “lucha de clases” propia de los movimientos políticos de izquierda revolucionaria que emergieron más tarde en Latinoamérica. En el tercer año abandona la arquitectura y decide educarse en pintura y literatura. Le gustaba la natación, el béisbol, el boxeo, la cacería, la caminata de montaña entre Lara y Portuguesa.

Entre los acontecimientos que signaron su vida están la consolidación del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Bolivia, el suicidio del presidente de Brasil Getulio Vargas, el derrocamiento en Argentina del general Juan Domingo Perón, la caída en Colombia del Gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, la guerra de Vietnam y el triunfo de Fidel Castro al frente de la Revolución cubana.

Su esposa, Doña Luisa Martí de Gabaldón, unió lazos nupciales con Argimiro en el año de 1948, teniendo ella dieciséis años, y él veintisiete. Tuvieron cuatro hijos, cuyos nombres fueron escogidos por las siguientes referencias: Carmen Dolores por Dolores Ibárruri, Beatriz Krupskaya por la emperatriz de Rusia y por la esposa de Lenin, Alejandro por Alejandro Magno y Tatiana por la bailarina rusa Tatiana Samoilova.

Argimiro Gabaldón dio clases de Historia y Geografía de Venezuela en el Liceo Lisandro Alvarado de Barquisimeto, estado Lara. Además fue director de la Escuela Artesanal de Lara. En Biscucuy -estado Portuguesa- fue fundador del Liceo Antonio José de Sucre (actual Fernando Delgado Lozano), realizando varias exposiciones pictóricas. Asimismo fue presidente del Concejo Municipal de Biscucuy posterior a la caída de la dictadura perezjimenista.

En 1959 sirve de anfitrión al poeta Pablo Neruda junto a su padre, que el bardo chileno conocía en su labor diplomática y con quien compartía afinidad política e ideales libertarios. En su periplo de cinco meses por Venezuela, Neruda visitaría a Biscucuy junto a su compañera sentimental Matilde Urrutia durante tres días, y es recibido en la hacienda de Santo Cristo en compañía de Félix Ramón Briceño y Lorka de Uzcátegui. De este viaje, Neruda dedicaría a Venezuela varios poemas entre los que destacan: Oda a los nombres de Venezuela, Miranda muere en la niebla, Las aves del Caribe y Un Canto para Bolívar.”

Su hermano mayor, Joaquín Gabaldón Márquez, también fue un dirigente destacado para la época; a pesar de compartir con su hermano el pensamiento de la liberación nacional, no era partidario de la lucha armada. Argimiro o “Carache”, como lo llamaban en familia, fue un revolucionario integral que en 1938 ya militaba en una célula clandestina del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en El Tocuyo organización política proscrita constitucionalmente durante el gobierno del General Bolivariano Eleazar López Contreras (1936-1941).

Fue organizador de cooperativas agrícolas (1946-1947) en las montañas de Lara, de ligas campesinas y las primeras células comunistas. Argimiro instaló una imprenta clandestina en Las Cuibas (Lara) que funcionaba en el Zanjón del Higuerón o Zanjón del Diablo, allí se editaban volantes y periódicos del Partido Comunista de Venezuela (PCV) contra la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez (década del 50). Junto a una célula del PCV instaló una radio clandestina (1956-1957), Radio Liberación, que funcionó de forma móvil con un equipo de trabajo incluyendo reporteros, guionistas, narradores, con una amplia red de colaboradores. Siguiendo su ejemplo, Ernesto Che Guevara fundaría “Radio Rebelde” el 24 de febrero de 1958, en Altos de Conrado, en la Sierra Maestra de Cuba, donde los guerrilleros liderados por Fidel Castro luchaban por derrocar al dictador Fulgencio Batista.

En la clandestinidad, se dieron varios enfrentamientos de los revolucionarios contra las fuerzas del dictador Pérez Jiménez hasta su caída el 23 de enero de 1958. A partir de esa fecha, organiza colectas populares con una campaña de calle llamada “La Marcha de Bolívar a la Sierra Maestra” en apoyo a los guerrilleros cubanos de Fidel Castro, y produce un programa radial, Un Bolívar para la Sierra Maestra, por Radio Continente, donde se retrasmitían todas las tardes los noticieros y partes de guerra de Radio Rebelde. Caracas se constituyó en uno de los principales centros del exilio cubano afecto a Fidel Castro agrupado en la sección Venezuela del Movimiento 26 de Julio.

En el primer aniversario del 23 de enero, Gabaldón es anfitrión de Fidel Castro en Caracas a escasos días de su entrada triunfal en La Habana el 8 de enero de 1959, con el propósito de agradecer la colaboración y respaldo que el pueblo venezolano había brindado a la causa revolucionaria. Tras la exclusión del PCV en el llamado Pacto de Punto Fijo, la lucha sería contra el gobierno del presidente Rómulo Betancourt. El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 sirvió para la radicalización del movimiento de izquierda en el país. Tal fue el caso del partido Acción Democrática, cuya escisión determinó la creación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en 1960.

Bajo el ideal de la “Lucha Armada”, en 1960 Argimiro Gabaldón planteó en el marco del histórico III Congreso del Partido Comunista de Venezuela (PCV), del que fue Secretario General y miembro directivo de la Junta Electoral, la necesidad de acudir a otros mecanismos de combate por una verdadera justicia social inspirados en la Revolución Cubana. Dichos sucesos le sirvieron al comandante “Carache” para emprender la lucha armada en las selvas y montañas de Venezuela siendo factor determinante en la creación de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Gabaldón lidera el primer foco guerrillero en La Azulita, estado Mérida, bajo el lema “Luchar hasta vencer”. En 1961, llega a ser el conductor del Frente Guerrillero más importante de Venezuela como fue el “Libertador Simón Bolívar”, ubicado en las serranías de Los Humocaros del entonces Municipio Morán del estado Lara.

Las operaciones estaban directamente articuladas con el Frente José Leonardo Chirinos, ubicado en la sierra de Falcón, el Ezequiel Zamora apostado en los llanos, y el Frente Manuel Ponte Rodríguez en el oriente del país. Desde esas montañas mantiene correspondencia con los jefes guerrilleros Fabricio Ojeda, Teodoro Petkoff y Douglas Bravo. Junto a Ojeda, inicia una labor de clarificación política y se dirige por escrito a Juan de Dios Moncada Vidal, Pedro Medina Silva, Teodoro Molina Villegas y a los restantes miembros del Cuartel General de las FALN.

Durante la lucha armada era muy frecuente el pago de recompensas por la captura de los guerrilleros insurrectos. En marzo de 1964 el Gobierno nacional ofrecía una bolsa de 15 mil bolívares por quien trajese con vida o muerto a Argimiro Gabaldón. Fallece en diciembre de ese año por una herida de bala en el Centro de Salud “Egidio Montesinos” ubicado en El Tocuyo, estado Lara. Se atribuyó su muerte a un lastimoso “accidente” debido al escape de una bala venida del arma de su compañero de lucha Jesús “Chucho” Vetencourt Torres, también conocido como “Comandante Zapata.

En el entierro de su cuerpo, el general Gabaldón expresó su dolor, manifestando: “-Argimiro no te lloro… sería agraviarte. Yo te bendigo, yo estoy satisfecho de ti. Te dejo al lado de tu madre, pozo y virtudes que me acompañó a sembrar en el alma de mis hijos un profundo respeto por la palabra empeñada. Yo te felicito, y me felicito. En tu última carta, fresca estaba todavía la tinta y me dijiste: estoy orgulloso de ser revolucionario… Yo te bendigo Argimiro… Y aquí estamos como un soldado tuyo, Comandante Carache.

El 15 de julio de 2017, sus restos exhumados fueron honrados y trasladados al Panteón Nacional de Caracas, en ocasión del 98° aniversario de su natalicio, al igual que el también guerrillero y líder revolucionario Fabricio Ojeda, hecho ocurrido por decreto ejecutivo del Presidente Nicolás Maduro.

lunes, 22 de julio de 2019

· EL CABALLO BLANCO DE BOLÍVAR ·


Resultado de imagen para BOLIVAR A CABALLO

        Navegando por internet, en un momento cuando mis dolores me lo permiten, he leído un bonito escrito firmado por Juan Carlos Rodríguez Oletta, el cual me tomo la libertad de transcribir y compartir con mis lectores, pues lo considero de gran interés, especialmente para la enseñanza de la historia a nuestros niños. He aquí el referido artículo.
“Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios nace en Caracas, Venezuela el 24 de julio de 1783. Sus padres Don Juan Vicente Bolívar y Ponte y Doña María de la Concepción Palacios y Blanco. En 1810 inicia su gesta emancipadora por toda Sudamérica, la cual concluye en 1830, libertando a Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, y colaborando con la independencia de Panamá. Fue una de las figuras más destacadas de la Emancipación Americana frente al Imperio español, considerado por sus acciones como el “Hombre De América”.
“En la ciudad de Mérida, Venezuela, recibió el título más grande que puede ostentar un hombre: “Libertador”, ratificado en el congreso de Caracas. Muere desterrado y en total pobreza en San Pedro Alejandrino, una hacienda cercana a Santa Marta, Colombia, el 17 de diciembre de 1830, Sus restos mortales reposan en el Panteón Nacional, en Caracas, Venezuela desde 1842”.
“La historia de Simón Bolívar y sus caballos está llena de hechos reales que se confunden con anécdotas, mitos, leyendas y fabulas. Simón era el menor de cuatro hermanos, un niño inquieto y muy rebelde, especialmente contra sus Maestros. Existe una anécdota con el Licenciado Miguel José Sanz (abogado) y el niño Simón de tan solo cinco años. El maestro Sanz acostumbraba a dar lecciones al niño Simón montando a caballo por los potreros de la hacienda de San Mateo. Una mañana Sanz, excelente jinete, montaba un hermoso caballo de paso y Bolívar se tambaleaba en un burro, el maestro lo miro y le dijo: “Usted nunca será un hombre a caballo”. El niño Bolívar le replico con mucho respeto y valentía: “¿y cómo voy a serlo si lo que me dan a montar es un burro?”.
“A los nueve años recibe un caballo de regalo de parte de su hermana María Antonia: al montarlo y pasear por los jardines de la hacienda San Mateo dejaba impresionado a todo aquel que lo veía hecho caballero, su diminuta figura se acoplaba al caballo de tal forma que parecían una sola figura. Su maestro Don Simón Rodríguez además de las lecciones de Gramática, Historia, y otros, completaba la educación de Simón con clases de equitación, nado y lazo”.
“Palomo, el caballo Blanco del Libertador Simón Bolívar, el caballo de mil batallas, el caballo de mil pinturas, el caballo del escudo nacional, el caballo de mil anécdotas, el caballo de la adivinanza infantil ‘¿De qué color es el caballo blanco de Simón Bolívar?’... El caballo consentido del Libertador. En noviembre de 1814 Simón Bolívar se dirige de Venezuela a Colombia para dar cuenta al Congreso de los hechos ocurridos en Venezuela en los años 1813-1814; al llegar a la población de Santa Rosa de Viterbo (hoy departamento de Boyacá, Colombia), agotado por la travesía montado sobre un caballo cansado, viejo y enfermo se toma un descanso y realiza gestiones para comprar un caballo y seguir su viaje.
Trata de comprar o alquilar una hermosa yegua tordilla de gran alzada a un campesino de nombre Juan, el cual se niega a cualquier negociación pues su esposa Casilda, días antes de este encuentro, tuvo un sueño en el cual la yegua paria un hermoso potro blanco que se regalaría a un gran General, triunfador de muchas batallas, y los sueños de su esposa siempre se hacían realidad”.
“En 1819 Bolívar comandaba la batalla conocida después como la de ‘Pantano de Vargas’, en la Nueva Granada, de la cual salen victoriosos los patriotas y héroe de dicha batalla el Comandante Coronel Juan José Rondón; ese día Bolívar recibe un hermoso regalo de manos de un campesino colombiano llamado Juan, quien con voz muy suave le dice: ‘General, aquí le manda mi esposa Casilda este caballo blanco, hijo de la yegua tordilla que usted quiso comprar, pues es usted el General Victorioso que ella vio en su sueño’. El caballo era un hermoso ejemplar blanco de increíble alzada y con una cola casi hasta el suelo. Bolívar lo nombró Palomo, lo montó y dio su primer paseo triunfal en el “Pantano de Vargas”, para luego salir vencedor el 7 de agosto de 1819 en la Batalla de Boyacá, e inmortalizarse en la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821, donde jinete y caballo salieron triunfadores y sellaron la libertad de Venezuela”.

jueves, 18 de julio de 2019

· UNA PERIODISTA TAQUENSE ·


El 17-07-2019 hice la crónica de una periodista de la ciudad de Santa Cruz de Los Taques, capital de municipio Los Taques, Falcón: Esmeralda Arcaya de Castelo. Digamos que es el relato de una comunicadora social de nuestra época. Pienso que la práctica de esta profesional tiene como norte la objetividad y la verdad. Al transcribir los sucesos tal como suceden, desprovistos en lo posible de la visión ideológica, y esto es quizás algo extraño de verse en estos tiempos.
La Jefa de Prensa, Relaciones Públicas y Protocolo de una alcaldía tiene a su cargo una gran responsabilidad, debe dar a conocer lo que hacen el presidente de la Cámara Municipal y los concejales; informar al pueblo lo que estos ediles realizan a favor de los pobladores del municipio; además, organizar los actos donde los concejales participan; establece los enlaces con todos los sectores y fuerzas vivas que existen y actúan con peso y presencia en el territorio municipal y fuera de él.
La licenciada Arcaya de Castelo es una excelente profesional, quien en el ejercicio de su profesión se destaca sin ninguna duda por la manera idónea y eficiente como se desempeña. Ella reúne todos los requisitos más arriba señalados, que describen el buen ejercicio de una profesional de la Comunicación Social. La conozco desde hace muchos años, taquense de las nuevas generaciones, muy inteligente, sagaz y felizmente casada. Es egresada de la Universidad Bolivariana de Venezuela -creada por el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías- y locutora titulada de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda.
La periodista Arcaya de Castelo nació el 31-08-1977 en el Hospital Cardón, como muchos taquenses. Hija de Nancy Díaz de Arcaya (quien vino al mundo en Los Taques, el 15-04-1951) y de Geraldo Arcaya Marión (taquense nacido el 05-05-1955); nieta de Geraldo Arcaya, Ana Marión, Jorge Díaz y Silvia García de Díaz (todos difuntos), madre de Josse y Jeimmy Castelo Arcaya y abuela de Zabdielis Castelo.
Recuerdo que en una oportunidad, se realizaba un acto en la plaza Bolívar de Los Taques, -el Presidente de la Cámara Municipal, para aquel momento, hoy actual alcalde, David Falcón Villa estaba disfónico- y de pronto se fue la electricidad en el centro de la ciudad. De inmediato ella le puso otro micrófono al edil, cosa que lo sorprendió. Sencillamente, la Licenciada Arcaya había tomado la previsión de llevar también a la tarima el sistema portátil de sonido que usaban los concejales, en sus sesiones dentro del viejo edificio de la municipalidad.
En otra ocasión, en una sesión mancomunada, un funcionario de la Alcaldía vecina la irrespetó, y ella demostrando el donaire de la mujer taquense, esperó pacientemente que terminara el acto, sin escándalo y sin perder la compostura -pero con mucha firmeza-, puso en su sitio al desfachatado, demostrando esta genuina mujer ser una feminista de primera línea. La Licenciada Arcaya es una revolucionaria, quien se ha ganado el respeto y la consideración, tanto de la izquierda como de la derecha; es sencillamente, amiga de todos, practica el consenso, sabe escuchar y nunca la he visto ofender ni tratar de manera grosera a ninguna persona.

martes, 9 de julio de 2019

· LA BARBERIA ·


El 22 de junio de 2019 fui a una barbería que regenta su único barbero, Pedro Luis Márquez Velásquez, -conocido por todos como Varón- en la calle principal de Camino Nuevo, Barcelona, Anzoátegui. Es un local pequeño situado al frente de una cancha, donde muchos jóvenes del vecindario muy a menudo practican el baloncesto. En contraste, en los alrededores, otro grupo de hombres y mujeres de mediana edad beben licor y cerveza en exceso todos los viernes y sábado por las tardes. Esta costumbre -me cuentan los parroquianos- se realiza desde hace muchos años en ese lugar.
La barbería está ubicada al lado de un local que llaman “la Canchita”, donde los fines de semana juegan bolas criollas y bailan parejas al son de la música latina; el lugar se mantiene lleno de personas que en mesas realizan partidas de dominó, de cartas y toman sus “frías” (las bebidas espirituosas de cebada). Antes, en “la Canchita” se realizaban apuestas (remates de caballos) con las carreras de los hipódromos de La Rinconada (Caracas), Santa Rita (Zulia) y Valencia (Carabobo).
El joven barbero Márquez Velásquez trabaja desde las 10 am hasta las 4 pm todos los días (6 horas); su compañera le trae en un portavianda abundante comida al medio día. El fígaro es robusto, tiene buen apetito y es de mediana estatura. Sostiene este cristiano interesantes conversaciones con sus clientes, les cobra precios solidarios, y a los abuelos y discapacitados la mitad de la tarifa, también afeita niños. No maneja dinero en efectivo, porque envía a sus clientes antes de afeitarlos y rasurarlos a un punto de venta electrónico ubicado en un negocio de víveres cercano, con un papelito que indica el monto a pagar.
Desde hace 2 meses el barbero Pedro Luis Márquez Velásquez, se había comprometido a conversar conmigo sobre su vida. A continuación el diálogo que sostuvimos: “Buenos días, profesor Muñoz Freites, ¿cómo está usted? ¿Cómo sigue de sus males?” “Pariente, recibiendo terapias de los terapeutas cubanos en el CRI de Campo Alegre; ya que los dolores en las muñecas y la rigidez de los dedos de las manos no me dejan tranquilo ni de día ni de noche”. “¿Y cuándo lo operan de nuevo, primo?” “Pronto, al finalizar las terapias; pariente, vine por aquí para que me afeite y me cuente sobre su vida”.
“Sin ningún problema, profesor”. “Dígame una cosa, ¿por qué todos sus clientes lo llaman Varón?” “Mi madre me formó en una iglesia evangélica y allí los cristianos, inspirados en el Génesis o Pentateuco, de la Torá de los judíos y primer libro del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana, llaman a toda criatura creada por Dios, varón y hembra. Los cristianos evangélicos usamos con mucha regularidad el término varón; es como la expresión ‘primo’, entre los barceloneses y la palabra ‘pariente’ de los falconianos”.
“¿Y dónde y cuando nació usted, Varón?” “Primo, yo nací en Yaguaraparo, municipio Cajigal, estado Sucre, el 30-04-1987; soy hijo de Isabel Velásquez y Pedro Eligio Márquez (difunto). Mi abuela materna es Petra Milano y mi abuela paterna Juana Díaz (difunta). Mis hermanos: Marcial, Carmen, José, Maikel, Dionaxa y Eligio (difunto). Estudié la primaria en la Unidad Educativa Barceló, me hice bachiller en el Liceo Juan Manuel Cajigal en Yaguaraparo, y luego cursé 2 semestres de Administración en la UNEFA, fui becado por esa universidad en Carúpano pero por enfermedad, no pude continuar mis estudios”.
“La primera vez que me sudé la frente y me salieron callos en las manos fue a los 12 años, cortando maleza y sembrando con mi padre yuca, ocumo, zanahoria, batata, plátano, mapuey, lechoza, caña, maíz, caraotas, frijoles, chicharos, quinchonchos y auyama. Luego trabajé con mi tío José como ayudante de albañilería. Siempre he trabajado y estudiado. Aprendí el arte del barbero, viendo, en la casa del señor Israel Méndez, quien aunque usted no me lo crea, es mocho de la mano derecha y tuvo que aprender a afeitar con la zurda. Se la amputaron en una riña de un machetazo; hoy es un pastor evangélico que predica la Palabra de Dios, y comparte lo que tiene con los más necesitados. Es una persona muy apreciada en mi pueblo, en la actualidad sigue dedicado a la barbería y todo el mundo dice que es el mejor barbero de Yaguaraparo”.
“Mi mujer es Yesiret Yamal, su padre era árabe palestino y murió añorando una Palestina con un Estado libre y soberano. Cuando nos unimos ella tenía un niño de 2 años. Lo he criado y lo quiero como si fuera mi hijo. El próximo 10-07-2019 cumplirá 10 años, se llama Víctor Aron Yamal y es muy inteligente y estudioso”.
“Profesor, este local donde funciona la barbería, lo alquilé como habitación cuando llegué hace 15 años de Yaguaraparo. Recuerdo que un día llovió fortísimo y se inundó toda esta calle principal de Camino Nuevo; yo estaba dormido y el ruido de un fuerte trueno me despertó, salté de la hamaca y caí en el piso. ¡Cuál sería mi sorpresa! casi me ahogo, figúrese, al levantarme del suelo, el agua me llegaba por encima de las rodillas. Rápidamente tomé un tobo, y comencé a sacar agua. La semana anterior, había asistido a un templo, y un pastor evangélico profetizó que llovería de manera torrencial durante horas y muchas casas se inundarían; recuerdo que estábamos en verano, hacía mucho calor, y lo extraño era que no había pronóstico de lluvias”.
“Una vez afeité a un señor que trabajó en la Refinería de Amuay, en el municipio Los Taques, Falcón; me dijo que hace años, en ese municipio llovió durante 11 días seguidos, y hubo lugares donde los infantes de la Armada Bolivariana -por órdenes del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías- rescataron a muchos habitantes en botes de goma. Yo no voté por Maduro, ya que no me gusta la política -si yo no trabajo todo los días no como- pero no dudo que él sea el Presidente Constitucional de Venezuela”.

martes, 25 de junio de 2019

· EL TERAPEUTA CUBANO ·



He aquí, estimados lectores, sin mayor preámbulo, un testimonio sobre el rol que desempeñan los terapeutas cubanos en la salud del pueblo venezolano. Son la 7 de la mañana del 25-06-2019, me dirijo hacia el Centro de Rehabilitación (CRI) de Campo Alegre, ayudado con una muleta -aunque ya puedo caminar sin ella, pero distancias cortas. Esta obra fue realizada por el Capitán José Pérez Fernández, alcalde de Barcelona y del municipio Simón Bolívar, culminada en septiembre del 2005. Aquí recibo terapias de calor, hidroterapia, magneto, electricidad y masajes en las manos y la pierna derecha, luego de ser intervenido quirúrgicamente por el doctor Carlos Vázquez en el Centro de Diagnóstico Integral de Campo Claro (CDI Camilo Cienfuegos), a causa de un accidente de tránsito.
En el CRI de Campo Alegre son diversos los síndromes atendidos: niños y adultos que necesitan terapia del lenguaje, prevención del pie diabético, uñas encarnadas, callos plantares, masajes podálicos, curas de diferentes patologías, casos de ACV, escoliosis, lumbago, cervicales, bursitis, ciática, problemas de dolores en articulaciones, artrosis, y a toda persona que necesite masajes en miembros superiores e inferiores.  
En esta oportunidad, voy a escribir sobre el terapeuta cubano Evelio Estrada, quien está encargado del gimnasio del CRI de Campo Alegre, cubriendo las vacaciones de Yenni, quien cumple con su trabajo con la misma entereza, eficiencia y dedicación que Evelio. Su rutina es desde las 7 am a las 2:00 pm, consiste en explicarles a los pacientes el uso indicado de los aparatos que en él se encuentran, enseñarles los ejercicios que necesitan y aplicarles los masajes de terapia para las distintas afecciones que allí se tratan.
Además, cuenta la institución con la consulta de una médica fisiatra, la Dra. Yaimari Ávila, -excelente profesional-, quien examina previamente a los pacientes y les prescribe las terapias que necesitan, de acuerdo a lo especificado por los médicos especialistas, según los problemas de cada uno de ellos. Hay también, en este centro asistencial una foniatra, Leidy Bravo, muy eficiente y dedicada, que atiende a los niños con dificultades del lenguaje, con el mismo esmero que trata a los adultos mayores. La misma dedicación la demuestra la podóloga Tania Aponte, quien para mi sorpresa estuvo 3 años asignada en el CDI- CRI Secundino Urbina, en Santa Ana de Coro, Falcón, y en más de una ocasión se bañó en las playas de Villa Marina, en Los Taques.  
Por la mística de trabajo de los hermanos cubanos, estoy seguro que esto sucede a lo largo y ancho de toda Venezuela, y debe servir de modelo a seguir por todos. En los CDI y CRI al pueblo se le atiende sin que se pague nada. En la Patria del Libertador Simón Bolívar, de Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, la salud y la educación son gratis. Hay un Sistema de Salud Público con excelentes profesionales, y además, la Constitución Nacional les garantiza a los honorables doctores que así lo deseen, el ejercicio de la medicina privada en las clínicas. Pero el bloqueo económico de Mister Trump lo ha puesto a funcionar con dificultades.
Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Dra. Michelle Bachelet, solicite y luche porque cese el cerco económico contra el pueblo venezolano, ya que este constituye un crimen de lesa humanidad. Créame, este es el clamor de todos los ciudadanos de Venezuela. A través de los Programas Sociales nos llegan los beneficios del petróleo y otros minerales como el oro; además hay abundante agua potable, tierras aptas para el cultivo, la ganadería, la agricultura; tenemos también mar territorial, lagos, ríos, lagunas para la pesca y embalses para criaderos de peces. Pero con el bloqueo económico el desarrollo autosustentable se dificulta.
Siempre hemos sido un pueblo trabajador y estudioso, en los campos y ciudades nos levantamos muy temprano a cumplir con nuestros deberes. Visite usted los estados montañosos, llaneros, agrícolas y costeros y evidenciará lo que le digo. Amén que nuestras poderosas industrias, petrolera, del hierro y del oro, que a pesar del criminal bloqueo no se hunden y dan un gran combate por el bienestar de nuestro pueblo.  
Es clave en el funcionamiento del CRI de Campo Alegre “Luis Bonilla” la secretaria Darlin Chacin, quien organiza y distribuye las historias -los cubanos acostumbran a llamarse entre ellos por sus nombres de pila, rara vez lo hacen por los apellidos, lo mismo sucede con los pacientes. Destacan también las terapeutas Anairis Mendoza y Aleniuska Acuña, en la aplicación a los pacientes de las terapias de magneto, calor, electricidad e hidroterapia. Con un el trato amable, cordial y humano, siempre con una sonrisa en la boca estas especialistas, en algunos casos calman los dolores y en otros los desaparecen. Resalta también la limpieza de las instalaciones, gracias a las obreras.
A continuación, entrevisto al terapeuta Evelio Estrada. Incansable dispensador de salud para el pueblo venezolano, nació en Granma, Cuba, es hijo de Alba Luisa Vegas y Evelio Estrada, nieto de Elba Estrada y de Leónides Vegas. Tiene 2 hermanos y una hermana (Elio Danis, Edisniel y Edisleidis). Una hija, Melanis Estrada Valera - su papá, a través de esta crónica le envía un beso del tamaño del universo-. Estrada sacó la primaria en la Escuela Fernando Echenique, el bachillerato en el Instituto José Martí y se hizo Terapeuta en Rehabilitación Física del Ministerio de Salud de Cuba.
En realidad, él no quería que le escribiese la crónica, me argumentaba que destacase el trabajo solidario y colectivo de todo el equipo cubano de salud, que interactúa en la institución. “Hermano Evelio, mi norte al hacerle esta crónica es divulgar el extraordinario trabajo que ustedes realizan en Venezuela por la salud y bienestar del pueblo venezolano, y le solicito sus datos para que todo el que la lee, sepa que ustedes son seres de carne y hueso; por otra parte, ya escribí un relato sobre la Misión Cubana”.
El terapeuta Evelio trata con mucha sicología a los niños, en especial a los que tienen problemas para caminar. Hasta les canta, y bromea con las personas de la tercera edad cuando les realiza los masajes, sobre todo los que sufren de fuertes dolores. “Jesús, no es fácil la vida aquí, los precios en los comercios todos los días, los comerciantes los cambian, vivo lejos del CRI y tengo que caminar, y estamos en invierno; pero nuestra mística de trabajo, el ejemplo que nos dio Fidel, el sentirme orgulloso de ser cubano me impulsa a vencer cualquier adversidad que se me presente. Además, la satisfacción personal que siento al ayudar a mis hermanas y hermanos venezolanos, al aplicarles sus terapias, es el profundo motivo que me mueve a laborar; de alguna manera yo les mejoro su calidad de vida que el bloqueo económico les ha deteriorado; pienso que el Señor Jesucristo me puso a hacer el bien, y aquí estoy ayudando en todo lo que puedo”.
  “Además Jesús, la Revolución Cubana nos ha enseñado a los cubanos que lo primero es el bienestar de la gente, del pueblo. Y así como yo pienso, piensan mis compañeros. No sabe usted cuánto extraño a mi familia, sobre todo a mi hija; por otra parte, al ser útil a los hermanos venezolanos, siento que la patria es toda la América Latina. Ustedes los venezolanos son la única familia que nosotros tenemos en estas tierras. Cuando yo le escucho decir a un hermano venezolano: ‘Evelio anoche pude dormir, el dolor de espalda, de las manos, del cuello, se me alivió con el masaje’; créame, vivo las palabras de Martí, Fidel, El Che y Camilo. Comprendo lo que significa: ‘La Patria es América’. Siento que ayudo a mi familia”.
“Como es extremadamente importante reconocer el trabajo en equipo, ¿podría usted decirme el nombre de algunos de sus colegas y otros trabajadores del CRI?” “Con verdadero gusto, ya que los resultados excelentes son el esfuerzo y la labor de todo el grupo. Jesús, ellos son: Aleniuska, Anairis, Yenni, Leidy, Yaimari, Tania y Ernesto”. “Bien, hermano Evelio, observo que el próximo 01-07-2019 es el día de su cumpleaños me adelanto en felicitarlo y desearle abundante salud y paz”. “Muchas gracias Jesús”.

miércoles, 12 de junio de 2019

EL CARNICERO OSWALDO CAMPOS CHIKE


   
     En enero del 2019, hace 6 meses, fui a solicitar por primera vez, una cita con la fisiatra del Centro de Rehabilitación Integral de Campo Alegre, Barcelona. La finalidad de esta consulta era que ella me indicara el tratamiento de terapia para mis manos.  Recuerdo que llegué muy temprano en la mañana, fui la tercera persona en la fila, entablé una conversación con un joven que ocupaba el segundo puesto y esperaba de pie con 2 muletas.
   “Buenos días amigo, hace frio y hay neblina, ¿a qué hora comienza la consulta?” “Tengo entendido que a las 8:30 am. Usted no parece de por aquí, en Barcelona hace bastante calor; pero en enero y febrero el clima es fresquito.” “Bien, yo me llamo Jesús, y efectivamente, vengo del Occidente, del estado Falcón, de una ciudad que se llama Santa Cruz de Los Taques, península de Paraguaná.”
“Yo me llamo Oswaldo, pero cuénteme señor Jesús, lo que le pasó a usted” “Tuve un aparatoso accidente de tránsito, iba en una moto y choqué contra un carro que se había detenido en la vía y estaba encendido, y el conductor no colocó el triángulo de seguridad, ni ningún otro aviso. Me fracturé la tibia, el peroné, la rótula y las 2 muñecas.” “¿Y por qué lo trajeron de tan lejos?” “Allá me operaron 2 veces; pero unos familiares decidieron trasladarme a Anzoátegui, en vista de que se me presentaron unos abscesos en la pierna que no curaban a pesar de los tratamientos con antibióticos. Yenni Duarte, una integrante del CLAP de El Viñedo, me llevó al CDI de Mesones donde me hospitalizaron, y allí una médica cubana al curarme la herida, me extrajo unas astillas de hueso que me producían la infección, y literalmente evitó la amputación de mi pierna. Hoy estoy vivo y camino gracias a esta doctora. Y luego, el Dr. Carlos Vásquez, excelente cirujano cubano, me intervino 3 veces más, en el CDI de Campo Claro, y todavía estoy a la espera de otra operación.”  
“¿Y a usted, Oswaldo, qué le sucedió?” “Yo iba en una moto, por mi canal, traía a mi novia de parrillera y me golpeó un camión que venía a toda velocidad, que se le habían ido los frenos y subió la isla, y me dio de frente,  salí disparado. Me salvé porque un policía me hizo un torniquete con mi correa y esto disminuyó la hemorragia. Gracias a Dios y a San Celestino a mi compañera no le pasó nada; pero a mí me amputaron los dedos y una parte del pie derecho. Menos mal, que los cirujanos traumatólogos del Hospital Luis Razetti me operaron y me salvaron la vida, y figúrese, mis familiares gestionaron y el Gobierno nacional me donó una prótesis. Ahora me remiten a los terapeutas cubanos. Me han dicho que son muy buenos…”
   “Amigo, los cubanos y cubanas son excelentes traumatólogos y terapeutas. En Cuba está uno de los mejores hospitales de traumatología del mundo, el Frank País. Esta rama de la medicina tomó allá auge, por los lesionados que regresaron de la guerra en Angola. Gracias al Convenio Cuba-Venezuela las operaciones y las terapias en los CDI y CRI se han hecho rutina en Venezuela.”
   “Oswaldo, yo escribo sobre las personas en mi blog de crónicas que está en internet y se publica también en Aporrea, ya que soy cronista, ¿podría usted hablarme de su vida?” “Con gusto señor Jesús: Nací en Barcelona, Anzoátegui, el 14-04-1997, mis padres son Oswaldo José Campos Chike y Delia Chike, mis abuelos paternos, Oswaldo Campo (difunto) y María Chike; mis abuelos maternos, Eladio Chike (difunto) y Otilia Guaigua. Tengo 3 hermanos, Carlos, Carolina y Katherine.  Estudié la primaria  en el Grupo Escolar República de Chile y saqué el bachillerato en el Liceo Ciudad de Barcelona, mi primer y único empleo fue de carnicero.”
   “Mi padre tiene una carnicería que se llama ‘Donde Carlos’, en Tronconal, mi papá vende a precios acordados, no especula y por eso es muy apreciado por la comunidad; allí aprendí todo lo relacionado con los cortes de carne y pesaje. Mi papá viajaba antes a distintos mataderos de Anzoátegui, en un camión cava a comprar carne. Hace tiempo fuimos hasta el estado Falcón, fue en un diciembre; íbamos cargados de perniles y carne de cochino que le solicitó un compadre; ya que por allá se vendía a buen precio; luego fuimos hasta el municipio Los Taques, y allí compramos carne de cabrito y chivo en un pueblo que se llama El Tacal. Toda esa carga la vendimos en el mercado de Puerto La Cruz a precio justo.”  
   “Nárreme algunos detalles de su accidente de tránsito, amigo.” “Resulta señor Muñoz, que el día del accidente mi madre me dijo: ‘Oswaldito, anoche tuve un mal sueño contigo, no salgas hoy en esa moto porque es diciembre y anda mucho gente pasada de tragos, y tengo el presentimiento que algo malo te puede pasar.’  Yo insistí en salir, no le hice caso a mamá. Si yo le hubiese hecho caso a mi madre no me hubiera accidentado; yo me excedí en la velocidad, la aguja no bajaba de 120 km, aunque ese día iba como a 80 km, ya que el caucho trasero estaba muy liso. Eso me pasó en la autopista viniendo en dirección a Barcelona.  Creo que Dios me dio otra oportunidad, hasta estoy pensando en seguir estudiando en la Misión Sucre; pero primero debo restablecerme por completo. Tuve mucho tiempo en silla de ruedas, ahora puedo caminar con estas muletas.”

lunes, 3 de junio de 2019

· EL OFICIAL RETIRADO TEÓFILO SANTAELLA ·


El 30-05-2019, el Oficial retirado de la Armada Bolivariana Teófilo Santaella escribió un artículo en Aporrea, dedicado a la memoria de su difunta madre Doña Luisa. El Oficial estuvo casado con mi difunta hermana Gladis Pastrano Freites y lo conocí en la Isla del Burro, en la década de los ‘60, cuando junto con mi mamá Rafaela Freites García de Muñoz visitaba a mi hermano Rafael Simón Pastrano Freites, quien también estuvo preso en el mencionado campo de concentración durante muchos años. Mi hermana Gladis, que en paz descanse, parió un hijo de Teófilo, Reinaldo Santaella Pastrano. Más de una vez visité la casa de Doña Luisa, aún más, la biblioteca de Santaella estuvo por años en mi casa, y allí leí numerosos libros que enriquecieron mi acervo cultural. Más de una razón me mueve pues, a incluir la publicación de Teófilo Santaella en La Crónica Taquense.
A continuación el escrito del Oficial Teófilo Santaella:
“A la memoria de mi madre.
El comienzo
Mi madre, Luisa Santaella, me inspiró para escribir este relato, alimentado por la fortaleza, la voluntad y el amor de esa buena mujer que me dio la vida. Era humilde, analfabeta y de un carácter bondadoso, pero fuerte cuando las circunstancias lo exigían. Lo que permitió que me criara, hasta los 10 años, bajo valores que ella instintivamente practicaba, sin que nadie se los hubiera inyectado. Un día me dijo: ‘Usted es sirviente de los Pérez, pero guarde la distancia con dignidad. No le agache la cabeza a nadie. Usted es pobre, pero es, sobre todo, un ser humano. Recuerde siempre: los ricos son los ricos. Ellos ven por sus ojos el dinero que ambicionan. Nosotros somos pobres, vemos por nuestros ojos la misericordia de Dios’. Nunca olvidaría ese mensaje”.
  
“Mi madre ejercía doble rol: el de madre y el de padre. Me parió en la casona de mi tía Carmen, a orillas de una quebrada. Era, como se conoce, una arrimada, cuando el 22 de julio de 1937 me fugué de su vientre y aterricé en este mundo. Supe, por encima, cuando arribé a los cinco años, que éramos tan pobres que mi madre, mi hermana y yo, respirábamos por cuotas. Pero no había amargura en nosotros. La servidumbre fue mi primer trabajo, cuando tenía seis años. Limpiaba, buscaba agua en la quebrada y sabaneaban burros en el potrero. Cuando caían y me agarraban potrero adentro esos aguaceros tramados, pensaba en mi mamá. "Dios me lo acompañe, hijito. Si llueve rece tres veces a San Isidro Labrador, él le ayudará que amaine la lluvia, y guárdese el miedo en los bolsillos. Dios me lo bendiga’ ".

“Un día, la lluvia fuerte, dura, como granito, me hizo huir del potrero antes de cumplir mi tarea. Cogí el camino, y entre charco y charco, enchumbado de pies a cabeza, iba acortado camino hacia la quebrada, pero el zumbido lejos era un presagio de la creciente. El ruido, parecido a un toro cuando lo hierran, se internaba en mis oídos, y llegaba el miedo. Era la señal de la crecida. El invierno estaba en la cima de las nubes. ‘Dios mío, ¿cómo haré para pasar el Paso del Tullío’?, pensé. Se llamaba así porque una vez, en una crecida, un hombre medio borracho había intentado cruzar las aguas embravecidas, y la endemoniada corriente se lo había llevado hasta clavarlo en una alambrada, que un pudiente había instalado para evitar que su ganado escapara. Y quedó atenazado por las púas, hasta que lo rescataron. Nunca más pudo enderezar su cuerpo y usar sus manos correctamente, de puras heridas que le maltrataron su carne viva”.

“Desde lejos, mi vista se estiró y pude observar un grupo de gente que estaba pendiente de mí, y había acudido al ‘Paso’ para animar a mi madre, que daba muestras de desesperación por el peligro que pudiera amenazarme. Con cada paso que daba hacia la quebrada, mi corazón saltaba como el de un niño con juguete nuevo. Avancé hasta que estuve a unos cincuenta metros de la orilla de las aguas que corrían como locas, serpenteando y levantando pequeñas olas que arrastraban palos, ramas y hasta algún animal muerto. Cuando estuve más cerca observé con nitidez a la imagen de la mujer que me había dado la vida. De pronto, mi tío Luis Escobar, bajo los efectos del licor, retaba a las aguas color barro, bravas como un toro cerrero, intentaba lanzarse para irme a rescatar. La gente le debilitó sus deseos, y se alejó del peligro”.

“Yo seguía a la espera. La lluvia había parado en grado sumo. Solo harineaba. Cuando percibí que una mujer se arremangó su vestido, y avanzó hacia las aguas con una mano en alto, como buscando equilibrio. De pronto un grito rasgó el silencio: ‘¡Señora Luisa, no lo haga! ¡Atrás, atrás!’ Y se lanzó, con decisión, y la frenó por un brazo. La llevó a tierra. Y recibió palabras de aliento que la tranquilizaron. Las aguas seguían bajando. Mi miedo se había ido con la lluvia. Sólo esperaba. Y llegó el momento en que vi como un jinete sobre su montura, empezaba a adentrarse en las aguas turbias. Rápidamente estuve montado en el anca del caballo y de regreso al lado de mi madre”.

“Todas estas vivencias las recordábamos ella y yo en un lugar distante a la del ‘Paso del Tullío’, 53 años después. Los años pasaron, uno tras otro, dejando huellas imborrables, como aquellos tres años que pasé en Ocumare de la Costa, a donde me había llevado mi padre, a pedido mío, a través de una carta donde le manifesté mis deseos de estudiar, por lo que le agradecía que me fuera a buscar a Sabana Grande de Orituco. Cosa que hizo y, permitió darle un giro de 360 grados a mi vida. En ese pueblo costero conocí el mar. Para mí era algo extraordinario, fuera de lo común. Mi mente no podía concebir tanta agua junta, permitiendo, además, que unos ‘bichitos’ de madera flotaran y trasladaran a personas de un lado a otro. Y mi sorpresa mayor fue cuando vi una red de pesca subir a la superficie cargada de peces, saltando como locos. A alguien le había oído hablar de la multiplicación de los peces… ¿Acaso era eso? ¿O yo estaba equivocado, como producto de mi mente febril?”
 
“Mi apuro por ver cosas y por aprender más me hizo tomar la decisión de irme a Caracas. ‘Papá, yo deseo irme a vivir con mi hermano Luis a Caracas. Te prometo que estudiaré por las noches y trabajaré durante el día’. Pero las cosas no resultaron tal y como lo había pensado. Con cuarto grado encima no se abría ninguna puerta para seguir avanzando, y, temprano, abandoné mis estudios de quinto grado por lo lejos de la Escuela en la cual me había inscrito, ubicada en El Calvario. Se trataba de una institución de enseñanza que me quedaba muy distante del cerro donde vivía, llamado ‘18 de Octubre’ ".

“Fue así como un día me encontré en la Comandancia de la Marina de Guerra, con un prospecto en mi mano. Seis meses después era Grumete, en Catia La Mar. Corría el año de 1954. Tres años después, en 1957 me gradué de Maestre de la Armada. Es decir, Suboficial. Por debajo del oficial, hasta que llegó un hombre llamado Hugo Chávez, y acabó con el ‘Sub’. (creó los Oficiales Técnicos). Iniciándose la década de los 60 comencé a oír de las guerrillas. Aquello me llamó la atención. Se habían producido varios alzamientos de militares en contra del gobierno de Rómulo Betancourt. Unos movimientos eran netamente de derecha. Pero estaba la izquierda preparándose, ya que según, los tres partidos principales que conformaban la ‘Ancha Base’ habían traicionado el espíritu del 23 de Enero de 1958.”

“Un día un compañero de armas, llamado Antonio Picardo, me invitó a dar una vuelta en su carro. En el trayecto me habló de lo que estaba en marcha. ‘¿Le echas pichón?’—me preguntó—. Le respondí: ‘Estoy listo’. Ambos éramos parte de la tripulación del Destructor Zulia. D-21. Fue así como en horas de la madrugada del 2 de junio de 1962, el trueno de los cañones y el tableteo de las ametralladoras despertaron a los borrachitos que dormían sobre los bancos de la Plaza Flores, en la ciudad de Puerto Cabello. Más tarde, con nostalgias oiría el bolero cantado por Felipe Pirela en honor a la referida plaza”.
  
“Rómulo Betancourt, también se despertó en sobresalto: ‘Esos son los Cabeza Calientes, infectados del comunismo exportado por Fidel Castro. Hay que exterminarlos como sea’, le ordenó a su ministro de Defensa-. ‘Treinta años de cárcel, para todos estos carajos’. En efecto, la Corte Marcial se afincó y pidió: 30 años para los tres cabecillas; 25 para los oficiales y 22.5 para los Suboficiales”.
  
“No reaccioné ante la sentencia. No podía creer que yo pudiera pagar tantos años de cárcel. Me movía como un zombi. Alimentando mi alma con la solidaridad entre nosotros, y la convicción que no pagaríamos esa pena. Estuvimos tres meses en reducidas celdas del cuartel Carabobo, donde nos torturaban con el eco de los instrumentos de música de la banda marcial. Escogían horas claves para hacernos el regalo de los ensordecedores sonidos. Los soldados de ese cuartel fueron los primeros que llegaron a combatirnos en Puerto Cabello. El ensañamiento era a toda hora y de acciones alternas, como pasarnos la comida en menajes rodados sobre el piso, a través de las rejas. En ese ínterin, tuvimos la visita del diputado José Vicente Rangel. Días más tardes nos permitieron ver a nuestros familiares desde lejos. Luego, sorpresivamente, nos trasladaron al Cuartel San Carlos, en Caracas”.

“En el cuartel San Carlos por fin pude ver a mi madre. Nos abrazamos. Así estuvimos un rato. El silencio nos atrapó. El tiempo pareció una eternidad, los años viejos se amontonaron a flor de piel. Sentí, en profundidad, los latidos de su corazón. Me imaginé que ella sentía los míos. Cuando nos separamos, ambos teníamos lágrimas que regaron nuestra cara. ‘Hijito, ¿cómo estás? ¿Cómo me lo han tratado? ¿Por qué hijo… por qué? ¿Por qué se metió en esto? Siento un gran dolor verlo así, como si me lo hubieran arrancado de mis brazos. Esa gente del gobierno dice muchas cosas… Que ustedes son comunistas, y que son unos traidores a la patria. Eso me dicen a mí que dicen ellos. Porque usted sabe que yo no aprendí a leer. Mi comadre es la que lee los periódicos y luego me cuenta… He estado pegada de José Gregorio Hernández, a quien le rezo todas las noches para que me lo proteja. Y a Dios lo molesto a cada rato’.

 “No sentamos agarrados de las manos. Y después de aplacar las emociones, comenzamos a recordar cuando la crecida de la quebrada y el ‘Paso del Tullío’. Ni siquiera tuve tiempo de revisar la bolsa que me entregó. ‘Allí le traje unos bollitos con chicharrón’, me soltó al oído.”

“Siempre, desde mis correrías de muchacho en Sabana Grande de Orituco, a mi madre la veían como una mujer y una madre ejemplar. Veía en sus ojos, algunas veces, mucha tristeza, pero en otras percibía a un ser humano de incalculable valor, y sobre todo de mucha esperanza. Recuerdo que una vez, luego de regañarme por un mandado mal hecho, me dijo: ‘Las cosas hay que hacerlas bien. Si usted barre donde los Pérez, hágalo bien. Si a usted lo mandan a hacer cualquiera tarea, cúmplala. No importa que le moleste, pero cúmplala. Eso sí, nunca baje la cabeza a nadie, por pobre que sea’.

“Cuando llegó la hora de despedirnos, me dijo: ‘Allá todos preguntan por su persona. Mi comadre reza y le pide a todos los santos que salga bien de esta lavativa. Lo dejo con Dios, en la próxima visita le traeré más bollitos de chicharrón… ¿Quiere que le traiga algo especial?’. Le respondí: ‘en el estante hay unos libros que deseo me traiga. Busque la ayuda de Carmen. Se trata las novelas de Rómulo Gallegos’. Nos despedimos con otro abrazo. Esta vez más corto. Se fue, y me dejó con más ganas de quererla.’

“La estadía en el cuartel San Carlos fue grata, no tan solo por la compañía de otros oficiales no pertenecientes ni al Carupanazo ni al Porteñazo. El ambiente entre unos y otros fue fraterno. Entre esos oficiales estaba uno que reconocí de inmediato: se trataba del general Jesús María Castro León, ex ministro de la Defensa, y quien se alzó en dos oportunidades contra Betancourt. Era una persona de baja estatura, de paso parsimonioso y un rostro indescifrable, adornado siempre con unos lentes ‘Ray Ban’ que no se los quitaba ni para dormir. Nunca, en el tiempo que estuve en ese lugar pude verle los ojos. Era parco en su habla, y difícil para entrarle, por lo menos para nosotros, los de izquierda.”

“En la isla del Burro la vida corría rápido, entre visitas y juegos de volibol, lectura de prensa, lectura y comentarios sobre rumores. Hasta que nos llegó la información de que el gobierno estaba preparando unas instalaciones especiales para los militares ‘remoqueteados’ de comunistas, en la isla del Burro, ubicada entre los estados Aragua y Carabobo. Se suscitó una polémica entre los oficiales de derecha y los de izquierda. El Comandante del San Carlos, mayor Pulido Tamayo, desmintió que hubieran dos listas: los que se quedaban y los que serían trasladados a la isla del Burro. Pero el rumor se confirmó cuando nos avisaron que debíamos prepararnos para el viaje. Eso originó un malestar, el cual desencadenó, la noche del traslado, en quema de colchones, protestas, gritos, etcétera.”

“En minutos cercanos a la media noche, todo había terminado para nosotros. Nos subieron en un autobús y dejamos atrás las ‘cómodas celdas’ del viejo cuartel San Carlos. En mis adentros, siempre conservé la esperanza de la llegada al Comando del cuartel de una contraorden. Pensaba en mi madre y lo que significaría para ella un traslado tan lejos de Caracas. Pero, pensaba en otras cosas: ‘Cómo nos recibirán los guardias, y, sobre todo, cómo será esa cárcel. Como sea estaremos peor que en el cuartel San Carlos, donde todo lo teníamos cerca’ ".

“El autobús, después de rodar y rodar, pasó por un pueblo que más tarde supe que se llamaba Magdaleno. Se internó por trozo de carretera de tierra y monte, y, de pronto, se paró. Habíamos llegado a la orilla de la conocida y famosa isla del Burro, la misma de donde en tiempos del presidente de Venezuela, general Medina Angarita, se había fugado, a puro nado, un famoso delincuente llamado ‘Petróleo Crudo’, quien fue indultado por el presidente, como un regalo por su hazaña. ‘En columna de a uno’, se oyó una voz de mando. ‘Abordar la gabarra’. Y subimos a la vieja embarcación (una gabarra) que nos trasladaría al otro lado, donde nos esperaban otros guardias. Veinte minutos después del zarpe, estábamos a merced de los guardias, con caras de perros rabiosos. Nos requisaron, y uno a un iniciamos el ascenso del terreno empinado hacia nuestro nuevo ‘hogar’.

“El recibimiento fue explosivo. No eran los guardias. Eran camaradas civiles, presos por diversas actividades políticas. Todos de izquierda. Allí compartimos por unos dos meses aproximadamente. Luego nos separaron. A ellos los llevaron a barracas acondicionadas para tales efectos. Eran unos barracones donde había camas de lado y lado. Con un baño en cada uno. Alambradas de púas electrificadas bordeaban el terreno sinuoso, donde estaban las instalaciones, y las garitas con guardias con armas largas. Se dijo, en aquella oportunidad, que en la construcción de la cárcel habían participado israelitas”.

 “Nosotros, los militares, estábamos mejor que los camaradas civiles. Cada quien tenía una habitación, puertas abiertas, sin comodidad, pero sin rejas. Un baño múltiple. Sin embargo, había una reja principal que nos separaba del exterior. Con barras gruesas, candados y cadenas gruesas. Así, entre esperanzas disminuidas, comenzamos a vivir una vida diferente. Comida incomible, guardias amenazadores, requisas a todo momento, e intentos de fuga”.

“El primer día de visita fue una fiesta entre presos y familiares. Abrazos, besos, saludos y las esperanzas de una corta estadía. Mi madre, como otras madres, esposas, hermanos y hermanas, primos, llegó cansada no sólo por el viaje, sino por lo torturante de la requisa de los guardias, y luego, vencer la empinada hasta llegar al portón. Además, de sus bollitos de chicharon (se hicieron famosos con el tiempo, entre mis compañeros), me trajo los libros que le había encargado estando en el San Carlos. Recibí los clásicos, y literatura Latinoamérica, donde destaca la novela Cacao, de Jorge Amado. También me incluyó, ‘Así se templó el acero’, de Nikolai Ostrovski, y el Manual de Marxismo Leninismo. Este último lo recibí días después, luego de ser bien revisado por las autoridades del penal. A cada libro le ponían un sello: REVISADO. En visitas posteriores seguiría trayéndome libros. Así nació mi pasión por la lectura, hasta el día de hoy. Los libros fueron mis fieles compañeros durante mi encarcelamiento, y aún lo son. Pienso que ya no puedo vivir sin mis libros”.

“Atendí a mi madre con cariño y mucho amor. Entró en horas de la mañana y partiría a las 4 pm, cuando sería requisada de nuevo, antes de abordar la gabarra y, luego de 20 minutos de travesía, se treparía al autobús para el regreso… Después del descanso almorzó conmigo, y antes de la llegada de la hora charlamos. ‘Hijo, por qué usted se metió en esto. Tanto que luchó por estudiar y subir, y ahora sometido a esta situación que me tortura el alma’. Y le respondí: ‘Perdóneme por los sufrimientos que le he generado, pero mis compañeros y yo estamos aquí por dar un paso al frente en contra de un gobierno despótico y represivo que nos enfrenta con armas, encarcelamiento y torturas. Muchos jóvenes estudiantes han sido asesinados en las calles de Caracas. Otros se han visto en la necesidad de irse a las montañas de Falcón y el Bachiller, en el estado Miranda, para combatir a las tropas que envía el gobierno a liquidarnos, sea como sea. Nuestra familia es el mayor soporte con que contamos en esta lucha. Usted, me motiva a seguir hacia delante, y a no bajar la cabeza, como me dijo un día allá, en Sabana Grande. Se acuerda: ‘Hijo, usted es pobre, como su hermana y como yo, pero nunca le baje la cabeza a nadie. Dios debe tenernos un mundo mejor’. Buscando ese mundo mejor es por el cual me metí en ‘esto’… ¿Me comprende?”

“El 4 de agosto, de 1967, en horas de la tarde, llegó a mis manos la constancia de mi libertad. ‘El suscrito Director Encargado de la cárcel nacional de Tacarigua, hace constar que el ciudadano TEOFILO SANTAELLA, salió en Libertad Plena en el día de hoy. Certificación que se expide a petición del interesado por carecer de documentos que lo identifiquen. Atentamente, Rafael Acuña’ ".

“Cinco años después, toqué la puerta del rancho donde habitaba mi madre, en la tercera vuelta del Atlántico, en La Silsa. Nos abrazos de nuevo. Como aquel abrazo en el cuartel San Carlos, este fue más largo, más intenso, y de mis ojos y de los ojos de ella brotaron las lágrimas. Lágrimas de libertad. Lágrimas de alegría, llenas de sol y de amor. Más tarde, cuando yo estudiaba en la Universidad Central, fui apresado por la DISIP, y llevado a los sótanos de ese órgano de seguridad, en Los Chaguaramos, con motivo del secuestro de Frank Niehous, presidente de la Owens Illinois, en Venezuela, ya que yo trabajaba en Maviplanca (empresa fabricante de vidrios planos), perteneciente al Grupo Owens, pero no pasó de un susto. Rápidamente fui liberado. Seguí fiel a mis principios, hasta hoy. Por otro lado, mi madre murió en 1995, en La Victoria, estado Aragua. Se sentó en una silla plegable que le había regalado para sus descansos, y se quedó tranquila y en paz. Se había ido, sin ver su mundo mejor”.