Tuvo motivaciones despreciables: la discriminación racial y social. Aquel joven de ingenio portentoso, que le dio a aquella Venezuela rural, analfabeta y pobre la gloria de su sabiduría, no pudo sobrellevar la inclemencia de una sociedad egoísta y envidiosa que lo discriminaba por su procedencia provincial, y además era pobre y trigueño.
Había nacido el 25 de abril de 1877 en un humilde hogar de Betijoque, hijo de Eusebio Rangel y de María Teresa Estrada quien muere a los pocos meses de nacido el niño. En su infancia su padre lo estimula y lo lleva a cursar estudios de primaria con el prestigioso educador Enrique Flores, cuyo tiempo el niño Rangel lo compartía laborando en una pequeña fábrica de cigarrillos del pueblo para ayudar en el sostenimiento del hogar; luego ingresa al Colegio “Andrés Bello” y al tiempo lo envían al Seminario de Mérida, pero no era allí donde se centraba su vocación y continúa sus estudios de secundaria en Maracaibo, primero en el Colegio regentado por el ilustre Dr. Rafael Cuenca y los culmina cuando en la Universidad del Zulia, el 3 de agosto de 1896, se le otorga el título de Br. en Ciencias filosóficas.
Su aspiración de ir a Caracas se hace realidad y aquel joven, de tez morena, en el mes de septiembre, logra el ingreso a la Universidad Central.
Sin embargo, su pobreza era una traba para llevar con holgura sus estudios, pero, gracias al apoyo de aquel médico influyente, Dr. Pablo Acosta Ortiz, quien había vivido en Betijoque y conocía del talento de aquel joven, consigue el puesto de ayudante de limpieza en el Laboratorio de bacteriología de la Universidad cuyo jefe era su coterráneo Dr. José Gregorio Hernández. Obtiene el permiso para dormir en el mismo local y así pudo comenzar sus estudios de medicina.
Su talento empieza a despuntar y obtiene elogios del Dr. Hernández, del Dr. Luis Razetti, del Dr. Adolfo Fridensberg, sus profesores de bacteriología, de anatomía y de química quienes le dan la puntuación de “aplicación sobresaliente”.
Pero la sombra de la maledicencia empieza a teñir de angustias la débil constitución de aquel joven que sólo se refugiaba en su don intelectual y científica. Como siempre, los mediocres, los incapaces, los envidiosos aparecieron esa vez para, con sus actitudes rastreras, minarle su trayectoria atacándolo por su talón de Aquiles: la condición de ser pobre, provinciano y negro:-“En aquella Universidad los triunfos de Rangel fueron ruidosos;….se granjeaba la envidia de algunos de sus compañeros, envidia que aumentó cuando éstos veían en aquel humilde estudiante negro un competidor muy peligroso en las oposiciones que cierta vez en sus universitarios se promovían, con el objeto de enviar al mejor estudiante de medicina a especializarse en los estudios de esta ciencia en Universidades y hospitales europeos por cuenta del gobierno nacional”-
Dura situación para un joven solo en aquel ambiente mezquino que tuvo hasta traspiés incluso con su coterráneo Dr. José Gregorio Hernández con quien tuvo desavenencias cuando, según se dice, por el descuido de Rangel de haber volteado un frasco lleno de ácido fue reprendido duramente por su maestro, razón que bastó para que renunciara a su puesto de asistente y preparador en el laboratorio. Después limaron asperezas.
Nuevamente el Dr. Acosta Ortiz le tiende la mano y le consigue trabajo en el Instituto “Pasteur” que había fundado con el Dr. Santos Dominici. Allí, en su dedicado trabajo, se resiente orgánicamente y descubre con pesadumbre una terrible verdad: sus esputos le reflejan el padecimiento de la tuberculosis. Santos Dominici le recomienda absoluto reposo y Rangel vuelve a Betijoque pero, a su regreso a Caracas, lleva una penosa decisión: no continuar con los estudios de medicina, para pesar de sus profesores y de algunos compañeros.
En 1902 se encarga del laboratorio del Hospital Vargas y comienza a desarrollar una actividad científica que le dará gloria a su vida y a su propio país: -“dentro de “unos peroles” que pomposamente llamaban laboratorio, fue el insigne creador de la Parasitología venezolana.”-
Sus estudios son significativos para aquella Venezuela rural que requería una determinación científica para los males que padecía el campo y así: en 1903, Rangel indica que el “Anquilostomo duodenal” era el causante de graves enfermedades y anemias que padecía el país.
En 1904 estudia el parásito de la “Uncinaria americana”. En 1905 estudia el “gusano de monte” causante de las “miasis cutículas”. Dicta conferencias sobre “el parásito del paludismo” y en 1906 escribe sobre “el grito de los chivos” y lo considera producto de la bacteria “de Davaine”.
En 1907 estudia la “bronquitis verminosa” de los bovinos causados por el “strongylus microrus”. En 1908 estudia la enfermedad conocida como “mancha” en los bananos y en 1909 la “epitelioma y actinomicosis” y su último descubrimiento es sobre la “micetoma”.
Su valioso trabajo ponderado por la Academia Nacional de Medicina es motivo para ofrecerle el Doctorado pero la humilde y modesta actitud de Rangel fue la de no aceptarla. Cuando se pide al Congreso una beca para Rangel, para realizar estudios en Europa aparece también, en su vida, la sombra malévola de la política-
No podía faltar-. La política es un ingrediente que cuando se conjuga con la mediocridad y la incapacidad conspira contra el talento creador sólo para hacer daño: -“Él se sentía ya moralmente perseguido y menospreciado, cuando un grupo de amigos pidió al Congreso de 1909 que le fuera concedido una beca para seguir estudios en Universidades extranjeras.
La enemiga contra el gran sabio se hizo sentir en el seno del Parlamento. Una voz sombría, egoísta, inhumana comentó que no era airoso para el país estar representado en el exterior por un negro”- (5).
Hecho que hirió profundamente a Rangel, como lo manifestó después, según escribió César Humberto Soto: -“He dedicado mi juventud a la Ciencia, por amor a mi patria y a la humanidad.
He trabajado durante ocho años para fundar un laboratorio que tendría repercusión en el porvenir científico de Venezuela.
He querido ser siempre estudiante, porque me ha parecido este género de vida más cónsono con el espíritu científico.
Acepté sus travesuras y traté de imitarlas. Pero desde que la política vil y rastrera de mi país se introdujo en el laboratorio, me encuentro asfixiado, aislado y todo es hostil a mis grandes planes científicos”- (6) -
Y es que, no es que la política sea vil y rastrera, no, es que seres viles y rastreros se hacen políticos.
Es un drama patético de todos los tiempos. De ayer y, desgraciadamente, de hoy-. Rafael Rangel, quien tanta gloria le dio al país no pudo, sin embargo, resistir la mezquindad ajena que lo acechó durante toda su vida y aún siendo joven, a los 28 años, toma la terrible determinación de envenenarse. Muere el 20 de agosto de 1909.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Sus comentarios son importantes para el autor. Por favor, utilice un lenguaje cortés y respetuoso al dejarnos saber su opinión acerca de lo publicado.