Antonio José Leocadio Ramón de La Trinidad y María Guzmán Blanco.
Este fragmento forma parte de un discurso pronunciado por Antonio Guzmán Blanco el 27 de octubre de 1873, durante el auge del Liberalismo Amarillo en Venezuela. Constituye una pieza clave que consolida la honra al Libertador Simón Bolívar y la construcción de la identidad nacional, utilizando una visión positivista para vaticinar un futuro de progreso material, industrial y comercial. Guzmán Blanco describe la época no solo como política, sino como una fiesta de «progreso y civilización», promoviendo la industria y las artes. -Antonio José Leocadio Ramón de La Trinidad y María Guzmán Blanco ( nació en Caracas el 20 de febrero de 1829, y falleció en París el 28 de julio de 1899), fue un caudillo, abogado, diplomático, político y gobernante venezolano. Partícipe y general durante la Guerra Federal, vicepresidente, ministro de distintas carteras y enviado diplomático del Gobierno de Juan Crisóstomo Falcón (1863-1868) y finalmente presidente de Venezuela en tres ocasiones (1870-1877, 1879-1884 y 1886-1888), conservando gran influencia hasta su salida definitiva del país en 1887-.
Lo que no podía internalizar en su tiempo "El Ilustres Americano" como fue llamado Antonio Guzmán Blanco, era que deseos no preñan. Hacía falta pueblo organizado, transformar el modo de producción capitalista. No bastaban reformas, ni la vía era el progresismo, solo con una verdadera revolución sería posible construir la sociedad de justa distribución de la riquezas y justicia social. Eso lo hemos comprendido en nuestra época del socialismo del Siglo XXI