viernes, 29 de mayo de 2026

JOSÉ ANTONIO COSTAS, FUE HIJO DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR.

"El nombre de María Joaquina Costas se repite en biografías dedicadas al Libertador Simón Bolívar, como las escritas por el argentino José García Hamilton, el colombiano Héctor Muñoz y los bolivianos Julio Lucas Jaimes y Luis Subieta.

Maria Costas era esposa de un importante militar rioplatense, Hilarión de la Quintana, tío político del Libertador argentino José de San Martín. Demás está decir que la familia de María Joaquina pertenecía a la alta sociedad altoperuana, y por esto fue protagonista del triunfal recibimiento que los potosinos brindaron a Bolívar en 1825.

"A su llegada a Potosí, rociaron a Bolivar con agua bendita y lo condujeron a un sillón ricamente forrado en terciopelo”, se lee en Tiempo de Bolívar, (de Jacobo Libermann). Pronto, 12 ninfas se acercaron al venezolano y le obsequiaron coronas de rosas y laureles y una bella mujer le entregó un ramo de flores, mientras le mascullaba la advertencia del complot para asesinarlo. Era la voz de María Joaquina, quien le explicó que el jefe de la intriga era su tío, el oficial español León de Gandarías.

“Simón se enterneció ante el interés manifestado por la muchacha, la envolvió con palabras galantes, giró con ella alegremente al compás de la música y, a la madrugada, la condujo a sus habitaciones. El nuevo romance le despertó la coquetería y una mañana, al advertir que empezaban a aparecerle canas en la barba, decidió afeitarse el bigote y las patillas”, se lee en la biografía novelada Simón. Vida de Bolívar, de García Hamilton. El Libertador permaneció siete semanas en Potosí, tiempo en que mantuvo la clandestina relación con Costas, quien no veía a su ausente marido hacia tres años, ya que éste se encontraba en campaña con el ejército chileno.

La relación terminó cuando Bolívar partió hacia Chuquisaca, Costas envió una serie de cartas a su amante. En una de las misivas le anunció su embarazo. El venezolano respondió inmediatamente:

“Como hombre de mundo y como militar de talento debo confesar y ratificar mi pecado. La lucha interna fue enorme y Cupido derrotó a Marte en buena ley, pero el botín de ese combate debe reservarse en lo más profundo de nuestros corazones, pues si no, ¿qué sería de ambos? No se deje amedrentar y diga usted que mis visitas a su casa fueron nocturnas por algún pretexto. Seguiré de cerca el desenlace y a fuer (sic) de Bolívar y Palacios, pondré a buen recaudo su honra y mi conducta”.

Jose Costas contrajo matrimonio el 2 de octubre de 1895 en Caiza (provincia Linares del departamento de Potosí), quien en aquel acto declaró ser hijo del Libertador Simón Bolívar.

Costas a la sazón contaba 69 años de edad, lo que me hace suponer que dicho matrimonio lo contrajo en artículo mortis, como que días después dio “El Tiempo” de Potosí, la noticia de que en el pueblo de Caiza había dejado de existir el señor José Costas, declarando en su último trance ser hijo de Bolívar y de doña María Joaquina Costas.

El Libertador en sus charlas con su edecán Luis Perú de Lacroix, le dijo en 1828 encontrándose en Bucaramanga:

“El Potosí tiene para mi tres recuerdos: allí me quité el bigote, allí usé vestido de baile y allí tuve un hijo”.

Otro día, al hablar de la numerosa prole de cada uno de los miembros de su familia, dijo:

“Que él solo no había tenido posteridad, porque su esposa murió muy temprano, y que no ha vuelto a casarse, pero que no se crea que es estéril o infecundo, porque tiene prueba de lo contrario”. (Diario de Bucaramanga, pág. 21).

Encontrándose en el Perú en 1826 y teniendo conocimiento de que en Potosí le había nacido un hijo demostró el justo deseo de conocerlo, enviando el Libertador en comisión especial a don José Miguel de Velasco para que condujera hasta la quinta de La Magdalena a doña María Joaquina Costas y su hijo. Esta comisión le valió al coronel Velasco su ascenso a General, como muy clara y rotundamente lo dice don Benito Gardaos en su obra “Aventuras curiosas de un desterrado”, publicada en Arequipa en 1840 y citada por Cornelio Hispaño en su “Historia secreta de Bolívar”, pág. 56.

El viaje de doña María Joaquina se realizó con el mayor sigilo, para que no llegara a oídos del general don Hilarión de la Quintana, esposo de tan bella e interesante dama, que a la sazón desempeñaba papel importante en el ejército de Chile. Pero el general no debió ignorar lo ocurrido, porque no volvió más a unirse con su esposa.

Tenía 21 años de edad doña María Joaquina Costas en 1825, y era de un talento y de una hermosura sobresalientes, por lo que las damas de Potosí le dieron la comisión de presidir al grupo de distinguidas señoras que, vestidas de ninfas, debían congratular a Bolívar en su ascensión al Cerro de Potosí, recibiéndolo teatralmente en un templete griego.

Allí fue donde doña María Joaquina llamó la atención del héroe pronunciando una arenga patriótica y diciéndole al oído, al colocar en su sienes una guirnalda de filigrana de oro tachonada de piedras preciosas:

–¡Cuídese! ¡Tratan de asesinarlo!

Intrigado Bolívar con aquella revelación misteriosa y flechado por los dardos de Cupido, solicitó de la hermosa dama una entrevista reservada, que la obtuvo aquella misma noche sin gran dificultad.

Allí supo que un oficial español, León Gandarias, en unión de otros realistas, trataba de asesinarlo.

Al siguiente día, sin ruido ni aparato alguno, salieron de Potosí, con buena escolta y con rumbo a la costa, Gandarias y sus compañeros.

Como fruto de aquella entrevista vino al mundo, al mediar el año 1826, un niño que fue bautizado con el nombre de José.

Su educación fue esmerada, correspondiendo a los antecedentes de su distinguida familia, poniendo doña María Joaquina toda su atención y cuidados en el provenir de su único hijo, quien se instruyó en humanidades en el Colegio Pichincha.

Según cuentan viejos vecinos de esta coronada Villa, la señora María Joaquina Costas tenía una casita, cerca al templo de San Juan de Dios donde pasaba la vida comerciando con disfraces, que a precios módicos facilitaba a los mineros y campesinos para sus festividades religiosas.

Durante el gobierno del general Belzu desempeñó doña María Joaquina la dirección de un internado de niñas en el Colegio de “Santa Rosa”, siendo sus alumnas más distinguidas las entonces señoritas Vicenta Sierra, Virginia Sotomayor, Rosalía Carpio, las hermanas Inés, Julia y Genoveva Vargas, que después llegaron a ser todas ellas notables educacionistas.

Así no es extraño que su hijo, a quien se lo conocía con el nombre de don “Pepe Costas”, haya llegado a sobresalir en la sociedad por su ilustración y talento, cultura exquisita y disposición especial para el arte. Cautivaba a la concurrencia en cualquier reunión familiar con su guitarra y melodiosa voz.

Era, Pues, el tal don Pepe en Potosí, al mediar el siglo XIX, un adorno en los salones, una joya de gran mérito en la culta sociedad y el espejo de la juventud elegante, ilustrada y culta.

La situación económica de doña María Joaquina no debió ser muy desahogada en sus últimos días, cuando, por consejo de algunas amistades, particularmente del muy distinguido y patriota historiógrafo nacional Dr. Samuel Velasco Flor, se presentó ante el gobierno solicitando un montepío en premio a los relevantes méritos e importantes servicios prestados a la causa de la independencia por su esposo el general Dn. Hilarión Quintana; pero el Consejo de Estado en su resolución de 30 de mayo de 1874, rechazó dicha solicitud, fundándose en que el benemérito general Quintana, si bien había sido héroe de la reconquista de Buenos Aires en 1807, uno de los principales promotores de la revolución del 25 de mayo de 1810, jefe distinguido del ejército de San Martín y el verdadero libertador de Chile por su oportuna y decisiva actuación en la batalla de Maipú, en cambio la República de Bolivia –su patria nativa– no le merecía servicio alguno, debiendo en consecuencia la viuda recurrir a los gobiernos de Chile y la Argentina en demanda del montepío que solicitaba.

Refiere un testigo presencial –por demás conocido en el mundo literario con el seudónimo de Brocha Gorda el gran Julio Lucas Jaimes – que doña María Joaquina sintiendo llegada su última hora, se confesó con el cura Ulloa –de gran reputación por sus relevantes méritos de discreción y prudencia– a quien en tan supremo trance le hizo el siguiente encargo:

“Deseo y pido que no sea separado de mi cuerpo en la tumba, este relicario precioso que lleva el busto del Libertador, y que me fue ofrecido por él mismo en prenda de amor y agradecimiento por haberle salvado la vida en la noche de la solemne subida al Cerro de Potosí. Conocía yo la conjuración contra el héroe fraguada por mi tío el teniente Gandarias y no vacilé ni un momento en sacrificar mi honra a mi pasión y a mis deberes de patriota, evitando que fuera aquel grande hombre indignamente asesinado en su lecho.

Pedí luego dinero y salvoconducto para aquellos conjurados y Bolívar fue con ellos grande y generoso como en todo. Dios le haya premiado y me perdone a mí esta única falta grave de mi vida que siempre la consagré al bien de mis semejantes y al recuerdo de Bolívar, mi único amor en el mundo".

 Viéndose sólo don Pepe se retiró al campo, eligiendo para su residencia el pueblo de Caiza, donde ha dejado numerosa descendencia".

 
NOTAS: Extraído de Historia y Leyenda de la Villa Imperial de Potosí - Bolivia

 

 


ALMIRANTE JOSÉ PRUDENCIO PADILLA, VENCEDOR DE LA BATALLA DEL LAGO DE MARACAIBO

José Prudencio Padilla fue ascendido al rango de General de Brigada de la Armada colombiana (equivalente a contralmirante) el 19 de abril de 1823.Históricamente, Padilla fue conocido como Almirante tras comandar la exitosa Campaña y Batalla Naval del Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823. Más recientemente, en julio de 2023, el Congreso de la República de Colombia le otorgó de manera póstuma y honorífica el título de Gran Almirante.

Nuestra patria venezolana le debe mucho, por sus innumerables servicios y por haberse cubierto de gloria en la Batalla del Lago de Maracaibo; aquel 24 de julio de 1823; donde había sido investido como Comandante General del Tercer Departamento de Marina y de la Escuadra de Operaciones contra el Zulia.  

Gracias a los esfuerzos de este patriota y de muchos más; entre ellos Beluche, D´Citty, Uribarrí, Manrique, Belloso, para nombrar alguno; se logró la Capitulación del Mariscal Francisco Tomás Morales, a los días de la derrota en combate naval de las fuerzas españolas, el 3 de agosto de 1826.

Era nacido en Rio Hacha, el 29 de marzo de 1778, comenzando su vida como marino en las embarcaciones mercantes de su puerto natal, a los 14 años es mozo de cámara de la Real Marina Española y para el año de 1805, recibe su bautismo de fuego en la Batalla Naval de Trafalgar, donde es capturado por los ingleses.

Al ser liberado se dirige a España, donde se le concede el ascenso a Contramaestre del arsenal de Cartagena de Indias. En el año de 1811 participa en el pronunciamiento del pueblo de Jetsemaní, que se solidarizó con Cartagena, en la proclamación de su Independencia de Cundinamarca, desconociendo las autoridades españolas.

Se destacó en diferentes acciones en contra de las fuerzas realistas, entre ellas podemos citar la acción de Tolú, en donde capturó una nave española, a pesar de que estaba mejor armada, que la que él comandaba.

Por este triunfo Padilla es ascendido Alférez de Fragata, participó en 1815 a las órdenes de Bolívar cuando este se dirigió a liberar Santa Marta, se encontró en el sitio de Cartagena, cercada por Morillo, defendiendo sus murallas, hasta que fue imposible mantener la posición y con uno de los buques patriotas, rompe la línea de la escuadra española, que trataba de impedir el escape de los republicanos y se dirige a Jamaica.

Acompaña al Libertador en la expedición de Los Cayos de San Luis en 1816 como Capitán de Navío. Combate en Los Frailes y desembarca en Carúpano.

Por sus servicios es ascendido a Capitán de Fragata y lo nombran Jefe de la Comandancia de las Fuerzas del Orinoco, en donde se destaca por las acciones en contra de la provincia de Cumaná.
Tres años después hace la campaña de Casanare, donde realizó el traslado de tropas y el transporte de materiales de guerra.

Estuvo como Segundo del Almirante Brión en 1820 en la toma de Rio Hacha, en la Laguna Salada, Pueblo Viejo, Tenerife, La Barra, , Ciénaga de Santa Marta y San Juan.

Ocupa la bahía de Cartagena, teniendo en cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Sutiles de la República. Capturó varios navíos españoles y por sus méritos el 19 de abril de1823 es ascendido a General de Brigada de la Armada Colombiana, es investido con el mando de Comandante General del Tercer Departamento de Marina y de la Escuadra de Operaciones contra el Zulia.

Allí realiza una destacada actuación hasta la Batalla del Lago de Maracaibo y el 24 de noviembre de 1826 recibió el ascenso a General de División.

Pero no todo sería brillo en la carrera de este marino republicano, ya que al inició de 1828 se envuelve en un acto de indisciplina en Cartagena, donde es reducido a prisión, enviado a Bogotá el 26 de mayo de ese año.

Cuando se produce contra el Libertador el atentado del 25 de septiembre de 1828, es liberado por los conjurados, reconociéndolo como jefe. La rebelión fracasa y Padilla fue juzgado y condenado a muerte.

El 2 de octubre es fusilado, terminando de esta manera una vida que un momento fue valiosa, que tuvo méritos para ser considerado el héroe de la Batalla del Lago.

BOLIVAR Y JOSEFINA MACHADO


Esta hermosa mujer se presenta en la vida de El Libertador Simón Bolívar cuando este hace su entrada triunfal a Caracas después de La Campaña Admirable.

Doce muchachas pertenecientes a la oligarquía caraqueña vestidas de ninfas salieron al encuentro del héroe, entre ellas se encontraba Pepita Machado. Le llenan al caraqueño las manos de flores, fue el 3 de agosto de 1813.

Ese día se debió sentir Simón Bolívar feliz, volvía después de un año, había salido vencido ahora llegaba vencedor. Poco tiempo le duraría esa alegría, la II Republica moriría bajo los cascos de la caballería llanera de José Tomás Boves.

Esa tarde la casa de Bolívar fue invadida por una gran cantidad de gente que querían saludar y felicitar a El Libertador. Entre las damas que se encuentran están Josefina Machado y su madre.

Pepita como la llamaban era de cuerpo sensual, ojos oscuros, tez morena clara, cabellera negra, labios provocativos, de carácter audaz, inteligente y muy intrigante.

Era el tipo de mujer que se entregan apasionadamente, aman con desesperación y nunca perdonan una ofensa por pequeña que esta sea.

Esa pasión dura largo tiempo en el alma de Bolívar, esa pasión incontenible producida por una mujer de 20 años llamada Josefina Machado.
Simón y Pepita se amaron desde el mismo momento que se conocieron. Hicieron pública su relación sin importarles lo que diría la gente.
Maria Antonia Bolívar; la hermana de El Libertador; no se encuentra muy de acuerdo, su soberbia de mantuana no le permite aceptar los amores entre su hermano y la hija de un canario enriquecido.

Ella hubiera preferido que Bolívar encontrara una mujer perteneciente al mantuanaje caraqueño.

Él no le hizo caso y compartió con ella los terribles años de 1813 y 1814, siempre juntos.
Pepita Machado se unió a El Libertador en la huida hacia Oriente perseguidos por las hordas de Boves. Según el historiador Lievano Aguirre la bella mujer amaba el poder y la intriga.

El escritor Francisco Herrera Luque en sus libros comenta que Por su causa El Libertador ha perdido valiosos colaboradores: Acusándola a la mujer de ser la causa del fracaso de Bolívar en esos años.

Pepita se marcha a Saint- Thomas y los amantes se dejan de ver por dos años. En 1816 cuando El Libertador y un grupo de patriotas deciden invadir Venezuela se comenta que el enamorado caraqueño detiene la expedición esperando a Pepita que se reuniría con él.
La mujer acompaño a Bolívar en el desembarco en Ocumare del Tuy en la expedición que termino en desastre.
Volvieron a separarse los enamorados por otros dos años y en 1818 Josefina llega a Angosturas.

Bolívar cruza Los Andes, vence en Boyaca. La mujer sigue a su amado a los Llanos donde muere de tuberculosis en Achaguas en 1820. 
Esta relación fue la más desafortunada del héroe ya que al amor seguían las agonías de la guerra y la ausencia. De esta manera fueron los amores de Bolívar y Pepita; apasionados; como fue la vida de este monumental hombre llamado Simón Bolívar.

DÍA NACIONAL DEL ADULTO MAYOR EN LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA.

Las Abuelas y los Abuelos de la Patria son ejemplo de sabiduría y dedicación. 

En los años de experiencia de nuestros abuelos, se resguardan los saberes ancestrales, los valores del ser humano, la enseñanzas humanistas y hasta el amor por la Patria. 

La Presidenta (E) Delcy Rodríguez ha reafirmado todo su compromiso por proteger sus derechos y propiciar la accesibilidad a la salud y el bienestar social para todos ellos. 

¡Dios Bendiga a las Abuelas y los Abuelos de la Patria!

EL EXMINISTRO ELÍAS JAUA CALIFICÓ ESTE SÁBADO 23 DE MAYO LOS EJERCICIOS MILITARES DE LA EMBAJADA DE EEUU EN CARACAS "COMO UNA NUEVA VIOLACIÓN DE NUESTRO CIELO POR PARTE DE LA POTENCIA OCUPANTE".

 El exministro chavista Elías Jaua calificó este sábado los ejercicios militares de la Embajada de Estados Unidos en Caracas como «una nueva violación de nuestro cielo por parte de la potencia ocupante» y aseguró que las pequeñas protestas de militantes de izquierda registradas durante la jornada marcaron el inicio de «la resistencia cívica» contra lo que describió como una «administración colonial» impuesta a Venezuela.

En un mensaje publicado en sus redes sociales, Jaua agradeció a quienes se manifestaron, mediante publicaciones en redes, grafitis, banderas desplegadas en ventanas, concentraciones en plazas, y aseguró que esto es evidencia de que «hay importantes sectores de la población que no están dispuestos a naturalizar la ocupación ni la administración colonial que se nos ha impuesto como nación».

Jaua también afirmó que los venezolanos y las venezolanas demostraron capacidad de autoconvocarse y que existe «creatividad para hacer sin recursos».

«Tal vez este 23 de mayo de 2026 pase a la historia no como el día en que el ocupante extranjero se atrevió a realizar ejercicios militares en suelo patrio, sino como el día en que inició la resistencia cívica que nos conducirá a recuperar nuestra independencia nacional», escribió Jaua.

Las declaraciones del exministro se suman a una cadena de críticas internas en el chavismo a la presidenta encargada 
 Delcy Rodríguez por la autorización de los sobrevuelos de aeronaves militares estadounidenses en Caracas.

LA CICATRIZ DE LA VACUNA CONTRA LA VIRUELA.

Durante décadas, millones de personas llevaron en el brazo una pequeña marca que contaba una historia inmensa.

Era la cicatriz de la vacuna contra la viruela.

Para muchos, esa señal redonda en la piel parece solo un recuerdo médico de otra época. Pero detrás de ella hubo una de las campañas sanitarias más importantes de la humanidad: la lucha contra una enfermedad que durante siglos dejó familias rotas, rostros marcados y ciudades enteras viviendo con miedo.

La vacuna contra la viruela no se aplicaba como muchas vacunas modernas.

No era una simple inyección profunda con jeringa. En la etapa final de la erradicación mundial se usó principalmente una aguja bifurcada, una pequeña herramienta de dos puntas que se mojaba en la vacuna y luego se presionaba varias veces sobre la piel, generalmente en la parte superior del brazo.

La idea era provocar una reacción local controlada.

El virus vaccinia, relacionado con el de la viruela pero distinto y más seguro para la vacunación, generaba una pequeña lesión en el sitio de aplicación. Primero aparecía enrojecimiento, luego una ampolla, después una costra. Al caer, dejaba una marca permanente en la piel.

Esa cicatriz no era la cicatriz de la viruela.

Era la señal de que el cuerpo había aprendido a defenderse.

La diferencia importa. Las cicatrices de la enfermedad podían ser numerosas, profundas y visibles en el rostro y el cuerpo de quienes sobrevivían. La cicatriz de la vacuna, en cambio, era una marca pequeña, nacida de una lesión controlada que buscaba evitar algo mucho peor.

Durante mucho tiempo, ese pequeño círculo en el brazo fue casi un pasaporte de protección. Decía que una persona había recibido una defensa contra una de las enfermedades más temidas del mundo. En algunos países, generaciones enteras crecieron reconociendo esa marca en padres, abuelos, vecinos y maestros.

Hoy la viruela está erradicada.

Fue declarada eliminada del mundo en 1980, después de una campaña internacional enorme, sostenida por médicos, enfermeros, vacunadores, comunidades y trabajadores de salud que llegaron a lugares remotos con neveras, agujas, registros y una convicción muy simple: detener una enfermedad que había acompañado a la humanidad durante milenios.

Por eso aquella cicatriz no debería verse solo como una imperfección.

Es una huella de victoria colectiva.

Una pequeña marca en la piel que recuerda una época en la que la medicina, la organización pública y la cooperación internacional lograron algo extraordinario: borrar del mundo una enfermedad que durante siglos pareció invencible.

Algunas cicatrices hablan de heridas.

Esta habla de una humanidad que aprendió a protegerse.

LIBERTAD DEL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL NICOLÁS MADURO MOROS Y DE SU ESPOSA LA PRIMERA COMBATIENTE CILIA FLORES DE MADURO, SÁBADO 30 DE MAYO, 9:30 AM, PLAZA BOLÍVAR DE CARACAS.