En 1822 la independencia quema los Andes, Lima ha caído, Quito se levanta, y en el norte El Libertador Simón Bolívar avanza con su ejército, Manuela lo ve por primera vez en un baile en Quito. No es un flechazo cualquiera, es el encuentro de dos fuerzas que se reconocen: él, el Libertador que sueña la Patria Grande, ella, una mujer que ya cabalga, dispara y organiza conspiraciones en la sombra, dejan todo y se vuelven inseparables. Amantes, sí, pero también compañeros de guerra.
Manuela no se queda en el salón, se viste de uniforme, monta a caballo, maneja armas, y en la batalla de Pichincha y Junín actúa como oficial. En 1824 el Congreso de la Gran Colombia le da el grado de coronel, San Martín le entrega la Orden del Sol del Perú. Pero su acto más famoso ocurre la noche del 25 de septiembre de 1828 en Bogotá. Un grupo de conspiradores entra al palacio para matar a Bolívar, Manuela lo despierta, lo ayuda a escapar por una ventana, y sola frente a los asesinos gana tiempo para que él huya, desde entonces Bolívar la llama “Libertadora del Libertador”.
Fue su edecán, su archivista, su consejera es guardó sus cartas, entendió su proyecto político mejor que muchos generales, en la plaza de Quito sofocó un motín, en Ayacucho estuvo cerca del campo de batalla es para ella la independencia no era solo militar, era una idea de nación grande, libre, sin jerarquías coloniales.
Cuando El Libertador Simón Bolívar muere en 1830 y la Gran Colombia se deshace, la çoronela Manuela cae con él. Los nuevos gobiernos la ven como peligrosa, escandalosa, una mujer que se metió donde no debía, la destierran, le quitan los bienes, la denigran. Se exilia en Paita, Perú, un puerto polvoriento frente al Pacífico. Allí vive pobre, vende tabacos y dulces, recibe visitas de Giuseppe Garibaldi y Herman Melville, y conserva las cartas de Bolívar como reliquias. Muere de difteria el 23 de noviembre de 1856, a los 58 años.
El siglo XX la rescató del olvido, Ecuador y Venezuela la ascendieron a general post mortem, hoy es símbolo del feminismo latinoamericano, no solo por amar al Libertador Simón Bolívar, sino porque peleó una guerra de hombres con armas de hombre y mantuvo una idea de patria cuando todos la estaban partiendo.
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