No hay que ser un genio para advertir que se están anunciando tres meses de ataques aéreos en una amplia región aérea venezolana que alberga el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, a 37 kilómetros de Caracas.
En este momento, es muy pertinente citar una nota del profesor italiano Pino Arlacchi del 19 de noviembre publicada en l’Antidiplomatico, con el títuto «Invasión suicida: por qué Trump fracasará en Venezuela». El profesor Arlacchi (Calabria, 1951) es ex director general de la Oficina de las Naciones Unidas en Viena y ex secretario general adjunto de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Escribe el profesor italiano: Los acontecimientos diarios desmienten las mentiras que intentan encubrir una guerra de saqueo y opresión colonial librada por una potencia en la fase final de su decadencia. Venezuela es un país fuerte y estable, decidido a no rendirse. Un país que vencerá, incluso pagando un alto precio por su soberanía. La derrota de Estados Unidos será la número 65 desde el inicio de la Guerra Fría (la número 66 se avecina, en Ucrania). Y esto ocurrirá tras lo sucedido en casi todas sus guerras, invasiones e intentos de cambio de régimen.
La pregunta correcta, entonces, no es cuánto tiempo durará Maduro, sino cuánto durará Trump. El ataque es otro golpe anti-Trump que el Estado Profundo se ha marcado en su haber. El Pentágono y las agencias de inteligencia se oponen a esta pantomima del desembarco de Normandía, deseada por Rubio y respaldada por el presidente […] un presidente elegido, además, con el mandato de poner fin a guerras (y derrotas) interminables, dice Pino Arlacchi.
Ningún militar, policía o funcionario de seguridad se ha manifestado a favor del ataque. En cambio, el almirante Hollsey, comandante de operaciones militares en América Latina y el Caribe, ha dimitido.
Se han filtrado muestras de disconformidad de decenas de militares de todos los rangos, incluidos abogados del Pentágono. Y luego está la clamorosa noticia, minimizada por los medios, de la desvinculación de las fuerzas armadas británicas de una operación considerada ilegal porque implicaba responsabilidad penal de sus perpetradores. En otras palabras: la ejecución sin juicio de presuntos narcotraficantes es asesinato, al igual que la ejecución de una autoridad política extranjera acusada, sin la menor prueba, de llevar a cabo o ayudar en dichas actividades.
Ni hablar del ataque armado contra un país entero sin pruebas sólidas de una amenaza a su seguridad nacional. Casi todos estos delitos son punibles tanto por tribunales ordinarios como por organismos internacionales de justicia, señala el profesor italiano.
El único éxito logrado hasta ahora por la agresión contra Venezuela es su aprobación tácita por parte de los medios de comunicación y el circo político dominantes en Europa.
Durante décadas, este circo nos ha bombardeado con ingentes dosis de desinformación sobre Maduro y Venezuela. Y no se molesta en enviar observadores independientes sobre el terreno ni en dar voz a voces fuera del coro. Igual que en el relato de Ucrania, Rusia y China, que hay demonizaciones sin restricciones y sin respeto a la decencia, escribe Arlacchi.
Desde 1999, los intentos de desestabilización han sido rotundos fracasos, culminando en intento de derrocamiento del chavismo a través de figuras ultrasubversivas y contraproducentes como Guaidó y Machado. Desde 2015, los chavistas han ganado todas las elecciones, incluidas las municipales y regionales de este año, a las que Occidente prestó poca atención debido a que la desinformación se centró en las elecciones presidenciales del año pasado, que Maduro ganó a pesar de la determinación del establishment atlantista de permitir la victoria de Machado, dice la nota.
Desde 1999, los chavistas han ganado 25 de las 29 elecciones. Y siguen ganando por la sencilla razón de que los venezolanos pobres votan por quienes mejor los representan: quienes distribuyen internamente los ingresos petroleros en lugar de depositarlos en bancos privados de Miami. Los chavistas se mantienen en el poder gracias a sus políticas sociales, incluso socialistas. Estas medidas han permitido al país sobrevivir a las sanciones más brutales de la historia e incluso volver al crecimiento en los últimos cuatro años. Todo esto frente a una oposición que se aferra a la única consigna de derrocar a Maduro y privatizar el petróleo, entregándolo a Estados Unidos y, por lo tanto, devolviendo a Venezuela a los días de pobreza y humillación, añade el profesor.
La Venezuela actual es una democracia popular que ha impulsado la reactivación económica.
La pregunta es qué permitió que un gobierno tan prolongado, sin precedentes en América Latina, persistiera tras un desplome del PIB del 80% que habría derrocado a cualquier gobierno.
La explicación más lógica es que la gran mayoría de los venezolanos atribuye el colapso a las sanciones estadounidenses y al desplome del precio del petróleo, en lugar de culpar al mal gobierno de una dictadura brutal, como dice la versión de los medios occidentales. Maduro sobrevivió y está más fuerte que nunca porque superó la catástrofe de 2015 con políticas de emergencia radicales, a las que ahora se destina el 80% del presupuesto estatal, al tiempo que incrementó, en lugar de limitar, la participación popular en los procesos de toma de decisiones, señala Arlacchi.
La Venezuela actual es una democracia popular que ha impulsado una reactivación económica del país, vergonzosamente ignorada por los medios occidentales. Esta reactivación está documentada por todos los organismos internacionales, desde el Fondo Monetario Internacional hasta la ONU. Comenzó en 2021, está en pleno apogeo y se refleja en un aumento del PIB de casi el 30% en cuatro años.
El apoyo a Maduro ha aumentado incluso entre las clases acomodadas que antes eran fervientes defensoras de la oposición. Esto explica por qué las ideas delirantes de Machado se tratan como tales, incluso por la oposición.
Recientemente fui invitado a Venezuela para asistir a un foro internacional de 56 países: fui testigo de la absoluta irrelevancia de esta señora, cuyos planes subversivos la habrían llevado a la cárcel en cualquier país europeo. Solo vi manifestaciones patrióticas masivas, compuestas por chavistas que se mezclaban por primera vez con quienes hace unos años animaron las protestas de Guaidó, López y Machado.
Sin embargo, crearon una obra maestra: trabajando al servicio de Rubio y Trump, lograron estimular una reacción antiimperialista tal que transformaron una milicia de autodefensa ciudadana, compuesta por «solo» 5 millones de chavistas, en una fuerza de choque de 8 millones de patriotas bien armados que entrenan cada semana. Apoyando un ejército leal al gobierno y libre de descontento y riesgo de deserción, explica el profesor italiano.
El 95% de los venezolanos se opone vehementemente a una invasión estadounidense. La cual no sucederá. Porque comenzaría como Irak y terminaría como Vietnam. Y en un plazo muy breve, dice Arlacchi.
Es probable que el profesor Arlacchi tenga razón en lo que se refiere a una invasión en toda regla con botas estadounidense sobre el terreno, pero después de la alerta internacional lanzada por la Administración Federal de Aviación de EEUU, parece que el formato de la agresión podría consistir en un ataque aéreo masivo. En todo caso, de producirse un ataque estadounidense a Venezuela —y con una excusa aun más endeble que la de Bush para invadir Irak en 2003—, Trump ya puede olvidarse del proyecto MAGA. Los globalistas lo habrán derrotado. Ya lo tienen contra las cuerdas. Mucho margen de maniobra no le queda.
El ejército venezolano, después de todo, cuenta con 125.000 hombres, respaldados por una milicia popular con casi el doble de efectivos. Estados Unidos puede burlarse de este ejército cuanto quiera, pero incluso si cada uno de sus combatientes disparara contra los ocupantes una vez, y uno de cada diez impactara, los agresores saldrían perdiendo. Una proporción de casi 1:50 es excesiva incluso para los estadounidenses, que se consideran invencibles.
La mayoría de los estadounidenses se oponen a una acción militar en Venezuela
Una encuesta realizada por CBS News revela que el 76% dicen que Trump no ha explicado lo que pretende hacer en Venezuela.
En cuanto a la amenaza que representa Venezuela para Estados Unidos, el 48% cree que es «una amenaza menor» y el 39% que no es una amenaza.
Sobre iniciar una acción militar en Venezuela, el 70% de los estadounidenses consultados se oponen. Trump tampoco cuenta con un respaldo abrumador de los republicanos y tres de cuatro estadounidenses también dicen que Trump necesitaría la aprobación del Congreso.
REFERENCIAS.
https://revueltaglobal.home.blog/2025/11/23/venezuela-si-trump-ordena-un-ataque-sera-una-victoria-del-estado-profundo/
https://revueltaglobal.home.blog/2025/11/26/venezuela-la-crisis-del-maga-y-razones-militares-contienen-a-trump/
Glasy Felicevich
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