Todos los 28 de abril conmemoramos la partida física de un compatriota revolucionario, Eliezer Otaiza, una herida que dolió en lo más profundo del sentimiento popular. Sin embargo, a Eliézer no se le llora con silencio, se le recuerda con acción. Se le encuentra en la risa de un niño que ahora tiene futuro, en el esfuerzo del deportista que no se rinde y en el valor de quien defiende la soberanía sin mirar atrás.
Hoy su nombre no es solo un recuerdo, es una bandera de lucha. Eliézer Otaiza sigue aquí, recordándonos con su sonrisa franca y su mirada decidida que la verdadera gloria no es vivir para siempre, sino vivir por algo que valga la pena morir.
¡Eliézer vive en la memoria invicta!
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